Don Gato y su pandilla fue una famosa serie de dibujos animados de los años sesenta, pero que se ha mantenido vigente hasta hoy. El protagonista de la serie y líder de la pandilla de gatos callejeros es don Gato, un felino astuto, hablador, inteligente y persuasivo, cuyo objetivo en la vida era obtener la mayor ganancia con el menor esfuerzo posible con toda clase de estafas y tretas, según se lee en internet. Don Gato y su pandilla tenían una banda, la “Banda de don Gato”, famosa por lo descoordinada y desafinada. ¿La recuerda? Bueno, no importa si no la recuerda, pues en Chile también tenemos nuestra propia banda: la “Banda de don Boric”. Advierto que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Dicen que el ex ministro Ossa, otro minino (pero pituco) que también tiene su banda, le dejó de regalo al ministro Jackson -su sucesor- una guitarra acústica con el siguiente mensaje: “Otra cosa es con guitarra”. Simpático gesto felino, pero la verdad sea dicha, la guitarra de Ossa tampoco sonó muy afinada durante su mandato. Jackson, igual que Ossa, deberá recorrer los pasillos y camarines del Congreso (nada que ver con la banda del mismo nombre, pero igual de mala) en busca de sintonizar la agenda legislativa del gobierno. Para ello Jackson no halló nada mejor que enviar una encuesta a los parlamentarios, para saber qué canciones quieren que toque la Banda de don Boric. Ya veremos si le resulta la partitura escogida.

Por su parte, el Ministerio del Interior sigue sonando como “arpa vieja” en materia de seguridad ciudadana y la Araucanía. Ni los músicos que abandonaron La Moneda ni la banda que llegó parecen estar afinados y afiatados. Como banda que recién hace su estreno en los escenarios políticos, la Banda de don Boric guateó con el retiro de las querellas por Ley de Seguridad del Estado en contra de los fanáticos violentistas que asistieron a los recitales de Plaza Baquedano, así como con el frustrado viaje de la segunda de la banda, Izquia Siches, a la zona roja de la Araucanía. Poco importaron los balazos dialogantes que le dieron de bienvenida. Optó por tocar a sus agresores una melodía compasiva, desistiendo de presentar una querella. Aquí la Banda de don Boric toca -o mejor dicho, baila- al ritmo de los delincuentes y terroristas.

En el debut, también se pifiaron en materia de política exterior. No sólo me refiero a que optaron por tocar una melodía propia del multilateralismo trasnochado, como es el Acuerdo de Escazú, sino que además decidieron echarle la culpa al Rey de España por su descoordinado debut musical en el salón plenario del Congreso. El Rey de la Zarzuela no se lo mandó a decir con nadie: son más desafinados que la Banda de don Gato. Para cerrar el espectáculo, la Banda de don Boric optó por hacer una gira internacional. Escogieron Argentina, por afinidad ideológica. No saben si llevar sólo a la pandilla, o también parte del público, para no menguar aplausos. Mucho temo que mientras toquen “Friends”, de Ed Sheeran, para las autoridades argentinas, éstas estén frotándose sus profusos bigotes -cual felino a punto de comerse a su presa- y cantando “La Puñalada”, una milonga de Juan D’Arienzo.

Es cierto que la Banda de don Boric es nueva y que necesita rodaje. Pero son músicos profesionales y como tales, ya deberían saber jugar de memoria. De ser una banda de jóvenes intérpretes, están haciendo mérito para convertirse en una orquesta, como la del Titanic, dónde seguían tocando musica mientras el trasatlántico se hundía en las gélidas aguas del Atlántico Norte. ¡Sálvese quien pueda!

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