Debuto junto con el nuevo gobierno de Gabriel Boric, en un género -la sátira- nada fácil, tal como el entorno en que asume el gobierno. Reconozco que no soy un nostálgico del gobierno que se fue, pero tampoco soy uno de aquellos “esperanzados” por lo que pueda hacer el nuevo. Durante los dos días que duró el cambio de mando se habló y abusó del término “cambio de ciclo”, hasta quedar chatos. Yo prefiero hablar de un “cambio de moda”. Tal como lee. Me explico.

Me sorprendió el interés -a nivel casi pasional- de los chilenos por la “alta costura”. Tanto los medios televisivos como las redes sociales se transformaron en comentaristas de la moda que envolvió el cambio de mando. Aunque las vestimentas de la mayoría de las nuevas autoridades podría alcanzar, a lo sumo, a la categoría de “baja costura”, sorprendió la “dignidad” con que muchas de ellas lucieron toda clase de prendas. 

Un alto interés se despertó entre los chilenos por los vestidos de Izkia (comprados en varias cuotas en una tienda del Casa Costanera), la “descorbata” de Boric (la versión adolescente de Pepe Mujica), el traje típico de la encargada de protocolo (¡esa bien florero!), lo guapa de Irina (¿el traje le llevaba tela, o no?), lo fome y perno del ministro de Agricultura (vestido como brigadista de Conaf, para desgracia de estos últimos que arriesgan la vida de verdad), la corbata de Marcel (un menjunje de colores y figuras geométricas que reflejan el escenario económico en que asume), entre otros.

Quien haya asesorado al presidente en su vestuario (no sé por qué pienso que no era de derecha) se anotó un poroto. Al menos el traje de dos piezas que lució para el cambio de mando era impecable, con una buena caída, aunque se pifió con los bototos en el Te Deum (al estilo del político-cura Felipe Berríos). Claramente esto no fue casual. Ya desde la campaña el cambio de “look” de Boric fue comentario obligado. 

Me imagino al sastre del presidente preguntándole en la primera prueba: «¿Presidente, para dónde carga?» Fue como preguntarle a Boric si era de derecha o de izquierda. «Cargo para la izquierda, bien a la izquierda, porque creemos que Chile necesita cambios refundacionales, para quitarle a los ricos y darles a los pobres, bla, bla, bla», responde el presidente. El sastre, sorprendido e incómodo, le dice: «Eso lo entiendo, presidente, pero ¿para dónde carga? Es decir, para dónde se acomoda el ‘paquete’… para verle la caída del pantalón». Boric se ruborizó.

Me convencí que asistimos, más que a un cambio de mando presidencial o de ciclo político, a un verdadero cambio de moda. La nueva generación de políticos nos mandaron jubilados a la casa, con trajes y corbatas incluidas. Y junto con ello, apareció la moda de izquierda. Una especie de “extreme red set”. Mientras tanto, la centroderecha rasga vestiduras y queda virtualmente en pelotas frente a todo el país.

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