8/11/2019 – Carta a un amigo

Veo las imágenes de la bacanal de hoy y no sé cómo podríamos salir de esto. Todas las opciones son malas y es terrible entender eso. Veo las marchas «pacíficas» (palabra en la que se hace énfasis permanentemente) y desde el principio tuve esta sensación de entender por fin cómo terminan las democracias en este continente: entre cantos y fiestas de los bienintencionados de siempre. Me asusta que hay toda una generación de chilenos que creen ser iluminados y están listos a inventar la rueda. Chile no es perfecto desde luego, pero con toda honestidad no veo cómo lo podrían mejorar así. Ya me convencí de que no es un objetivo de esta masa.

Es espeluznante y doloroso. La educación falló transversalmente en Chile. He visto a mis amigos, con postgrados la mayoría, personas que tuvieron acceso a lo mejor que la educación chilena puede ofrecer, completamente perdidos, entregados a pasiones bien primitivas, llamando a quemar todo. Sigo resistiendo y oponiéndome a la aplanadora ideológica que convierte al que rechaza la violencia en un privilegiado que «no entendió nada » o un desalmado sin capacidad de empatía si uno no acepta las soluciones llenas de infantilismos que proponen. Parece que después de tantos años, las revoluciones y sus promesas de paraísos futuros siguen justificando todo. 

Solo espero que la gente razonable vuelva a ser razonable y no sea demasiado tarde.

18/10/2022

Tres años han pasado y el último computo de la bloqueaton me dejó con 45 amigos y conocidos menos. Yo no sé ustedes, pero yo estoy muy orgullosa de quienes me bloquearon. Aunque quizás dejé pasar mi oportunidad en una embajada. 

El 18-O tuve la sensación de estar en una pesadilla distopica en que la gente por fuera sigue igual, pero por dentro son otros. Enfrentados a las mismas imágenes, veíamos cosas muy distintas. Hipnotizados por el fuego y dispuestos a todas las consecuencias porque a ellos no les afectaban. 

Yo activé el modo ciudadana y me dediqué a mandarle cartas a diputados, senadores y presidentes de partidos (por suerte esperé la respuesta sentadita, hay varices en mi familia).  

No fue un estashido, la legítima protesta solo usurpó y apañó a un movimiento que nació violento y torcido. El malestar, conocido, entendible, no justifica todo. Y es por eso que el contexto no justifica los tweets y por eso que nadie le cree el apoyo a Carabineros S.E., si en menos de una semana vuelve a inclinarse ante el octubrismo con un discurso de medias verdades. 

Hoy, tanto como me gustaría saber quién quemó el metro, también quiero saber porqué a mi generación (ahora en La Moneda) le pusieron tres canciones de Los Prisioneros y retomaron una revolución inconclusa que nunca les perteneció. La Academia y la prensa también se sumaron, los adultos y la política abdicaron. Todos, ya sea activamente o guardando silencio frente a la crisis moral que vivió Chile, son cómplices. Háganse cargo del feísmo, la pobreza, la suciedad, la inseguridad, la desigualdad y el miedo que es lo único que nos dejó el octubrismo. 

Esta pitonisa piensa que al final del día todos tenemos que rendir cuentas y hacernos responsables de nuestros actos, palabras y omisiones. Pedir perdón sí corresponde. La política tiene que enfrentarse de una vez a su responsabilidad en el malestar, empollado por años, sí. Pero también a su rendición en 2019. Partan por dejar de justificarse o de vendernos versiones que no son. Basta de cuentos, todos sabemos lo que hicieron (y lo que no) el octubre pasado.

*Ver todas las columnas de K Sandra.

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