Fui cariñosa y generosamente convidada a un extraordinario y entretenido cumpleaños. Los asistentes, en su gran mayoría, eran avezados atletas y triatletas, deportistas de alto rendimiento. Yo también soy deportista, pero de muy, muy bajo rendimiento. Además no tengo ese reloj ad-hoc, de esos que te avisan cuántos kilometros anduviste, pasos diste o peos te tiraste; yo creo que incluso te avisan hasta cuándo te vas a morir, como para dejar el nicho listo.

Como no tenía el reloc y no quería ser menos, me las arreglé como toda chilena ingeniosa: con una mini de cuero para despistar y, en vez de reloj, me puse la pulsera de los once poderes de Omarcito Gárate. Me prepare no solo con rímmel, rouge y taco alto, sino que estudié y me informé para estar a la altura. Estuve toda la tarde viendo las maratones de Nueva York y Pucón, averigué de tiempos y calcetines con talco y wifi incorporado, zapatillas que son más inteligentes que uno, y hasta “casi” ni fumé.

Pensé entrar corriendo con un pique asesino, pero la mini y el taco alto podían hacer una mala jugada, que tropezara y cayera sin protector bucal, vociferando estupideces sin escalas a la humillación… así que entré trotando nomá, así muy sencilla y calladita.

Vaticinando este evento, hace algún tiempo que salgo a trotar por mi vecindad, al gratín no más, sin reloc y con un sencillo par de zapatillas que por ningún motivo puedo permitir sean más inteligentes que yo. Voy “casi” todos los días (el  “casi” en mi vida es incalculable). Cada día aumento dificultad y recorrido, realmente lo dejo todo, todo en la calle. Como la Anita Alvarado, llego con los cachetitos rosados y el pelito mojado, se nota que hay esfuerzo.

Como no tengo ese tipo de reloc bajé una aplicación para saber cuántos kilómetros y calorías gastaba y me farsanteaba. Cuán y cuál no fue mi sorpresa y desilusión cuando me enteré que mis tiempos de 9 minutos por kilómetro eran de una precariedad feroz; un cojo con enfisema la hace más rápido. Yo iba con ese dato duro para meter tema entre tanto deportista y gente de bien, pero lo pensé mejor y me dije a mí misma: «Josephine, ¿para qué te vas a disparar en los pieses de atleta?» Así que guarde mis tiempos y fui dueña de mis silencios, porque tengo fe que ya vendrán y crearemos tiempos mejores.

A seguir exigiéndonos cada día más, a informarnos, preocuparnos e interesarnos genuinamente por los demás. Hablar menos y escuchar más, ya que el cierre y boca abierta mata el pájaro y mas vale pajaro en mano que 100 ideas pelotudas de la nueva constitución volando.

Por un Chile que le saca trote a lo mejor y no a lo peor de la vida.

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