Puro Chile es tu cielo nublado, puras risas te burlan tan bien. 

Y tu campo de flores disecado es la copia infeliz de un andén. 

Majestuosa es la seca montaña, que te dio por caerte también.

Y este mar que intranquilo nos baña, nos promete un futuro temblor.

Agriduuuuulceee Patria… 

Cómo iba a imaginar que los trucos aprendidos en el far west del Mampato podían salvarme la vida. Cuando era chica mi papá me llevaba a este parque de diversiones. Mi juego favorito era el «Far West». Nos subíamos en un trencito con asientos de palo -igual al que me tomaba para ir al sur, el Rápido de Calle Calle, pero en versión mini-; entrábamos al pueblo y empezaba el tiroteo, con indios colgados de los techos que nos lanzaban flechas y los vaqueros devolviendo disparos.

Hace unos días viajé al sur con mi papá y fue como volver al far west. Ya estoy grande para que me tomaran de la manito y me ayudaran a pasar de vagón en vagón, pero no tanto si pensamos que nos enfrentamos con balas de verdad y sin vaqueros. Menos mal que tenía en la memoria esto de agacharme en el tren para esquivar las flechas y balas de salva… nunca imaginé que ese juego tendría que aplicarlo para salvar la vida. 

¿En que minuto nos convertimos en el far west? ¿Y con un gobierno que es como el Mampato, donde todo es de colores, pero de mentira; donde la enfermería no tiene enfermera, sino que una señorita mirando el celular con un parche curita vencido; en la boletería no venden boletos; las tacitas no vuelan, los botecitos no navegan, la pesca feliz es cada vez más infeliz?

Mi Dulce patria es cada vez más amarga. 

*Todas las columnas de Jo March.

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