El chileno es así: no pone atención en clase y, sin embargo, es tan habilidoso en el recreo…

Si hay algo que hacemos bien es improvisar en la adversidad y salir adelante, aunque no hayamos escuchado lo que dijo el profesor. Años en el cuerpo de operación Deyse, metiéndonos tan ingenuamente debajo del pupitre para pasar los temblores, saliendo en filita sin poner mucha atención por estar más pendientes de capear una hora de química… En las instrucciones de salvataje del avión es igual: vamos más pendientes de qué vamos a comer y si nos podemos afanar un tenedor. Además que si nos caemos, lo último que podría hacer con los nervios es ponerme un salvavidas, con suerte me puse los jeans.

Con esa vara y con un poquito más de instrucción, información e improvisación, funciona también la Onemi. Esta semana anunciaron lluvias y vientos huracanados. Como una ya no tiene mucha fe en nada, menos en el informe del tiempo, no les creí… y me inundé… ley de Murphy. Además no había limpiado vidrios ni barrido las hojas, labores inoficiosas que generalmente hago antes de que llueva, o para que llueva. Yo te limpio vidrios en Putre en enero y por ley de Murphy, llueve. Te puedo hacer llover más que Lavín y Moisés si me lo propongo.

Las desgracias no pasan cuando las anunciamos a los cuatro vientos. Aquí en Chile la cosa es sin avisar, de sopetón. Sin decir agua va llegan tsumani, terremoto, inundaciones, aluviones, erupciones… con ese nivel de desastres lidiamos. A mí no me me vengan con cuentos: el chileno tiene una capacidad notable y endémica para saber actuar bajo el agua, como en el Nauthilus, o bajo la pandereta, para que recién nos caiga la teja en la resiliencia y poder volver a salir adelante, improvisando en todo momento, con lo que hay, como en el circo, cuando falla el trapecista y ponemos al payaso (con todo mi respeto al payaso) o al hombrecillo que está disfrazado de león, cortando los boletos.

Así que, hasta que no diluvie ocho horas seguidas, como lo vienen anunciando, yo no estoy muy segura de limpiar canaletas. Nuestra gracia está en la desgracia de saber actuar cuando la cagada ya está instaurada, como ahora, con esta incierta y desalentadora constitución.

Tengamos fe que nos cae la teja a último minuto y salimos de este circo terremoteado e improvisado lleno de buenas e inoficiosas intenciones como limpiar vidrios antes de una lluvia. Y con el trapecista haciendo de león y el león haciendo de payaso, tengamos una oportunidad de rugir con simpatía y volver a ser los jaguares de Latinoamérica. 

*Otras columnas de Jo March.

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