Me niego a comentar la semana del gobierno. Porque como se dice en neolengua, me vulnera. Sí me voy a referir a la campaña del Apruebo, que empezó hace rato. Porque para que este gobierno sea una anécdota del tipo “¿te acuerdas cuando pololeabas con …?” -bochornoso, pero anécdota al fin- y no el primero de una seguidilla de gobiernos inviables, la CC es clave. 

Constituyentes, activistas y un largo etcétera de criaturas palaciegas con sus “no puedes rechazar algo que aún no se escribe”; o “calma, por más delirante que les suene ahora, después va a quedar mejor”; o “cualquier constitución es mejor que la actual escrita por 4 generales” (sic); y cómo olvidar esa joya del intelecto humano: “¡que no panda el cúnico!”… todos ellos, con la majadería de vendedor de productos para adelgazar, debieran por sí mismos hacernos sospechar. 

Muchos depositaron en este proceso toda suerte de buenas intenciones para un Chile mejor. Pero evidentemente no todos entendimos lo mismo. ¿Cuál es el espíritu que hemos visto? Refundar, dividir, categorizar. Cobrar en nosotros revancha por nuestros ancestros. Una justicia que no solo no será ciega, sino que se fijará con microscopio hasta en nuestro ADN. Un Estado gigantesco que se pueda meter en todo en cada etapa de nuestras vidas. Que será proveedor, prestador de servicios, empleador, supervisor e inquisidor, para nosotros y una gigantesca bolsa de empleos para parientes amigos y recomendados para otros pocos. La mayoría que controla la CC, ejerce esa misma mayoría (que por definición es reflejo de un momento y no un poder perpetuo ni un cheque en blanco) con la soberbia de sentirse “los” elegidos; el diálogo les sobra y si alguien se opone a las ideas que evacuan sus cabecitas, lo tildan de “reaccionario”, “obstruccionista”, en definitiva, un “enemigo del pueblo y la revolución”. Harto Procusto, métale fileteando a los altos, estirando a los chicos. Cualquiera que haya intentado emparejar una mesa coja o sus cejas sabe que el desastre está a la vuelta de la esquina. La justicia que deshumaniza al otro termina rápidamente convertida en venganza. Digamos también que lo que está a la base aquí es la cuestión del poder. Porque ellos saben lo que es mejor para uno, pero como uno es leso y de repente medio chúcaro, es necesario tener el poder. Y bueno, porque el poder y lo que implica es rico también, no seamos cándidos.

Con alguna frecuencia nos dicen “¡Ay pero si no dice eso …!”. Es bastante obvio que no va a decir “el pluriEstado podrá expropiarle hasta el útero y no pagarle”. Sucede con las constituciones que lo que dicen, cómo lo dicen y también lo que no dicen es importante. Porque lo que debiéramos desear finalmente es que nos proteja de que el gobierno de turno tenga todos los poderes a su disposición para aplastarnos. Un freno de mano, un paracaídas. Dado que la composición de la CC es la misma y su espíritu el mismo, ni todos los plenos ni todas las comisiones harán que de ahí salga nada más que un paracaídas agujereado, siendo generosa.

No comprenden la democracia quienes denigran la opción del rechazo y quienes como herederos intelectuales de Marat entregan a la funa y la cancelación, los nombres de los que se oponen a su bacanal.

Esta pitonisa piensa que si fuéramos pavos (condicional para algunos) este sería el momento en que empiezan a sobrealimentarnos. Y nos pasaríamos de ídem si esperamos a que ellos nos avisen cuándo empezar a inquietarnos. Estamos tarde, por eso les digo, ¡que panda no más!

*Otras columnas de K Sandra.

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