¡Chile tiene hambre… pero de reggaeton! Se requeteagotaron las entradas para los conciertos de despedida de Daddy Yankee en Chile. Y es que para muchos de nosotros el Big Boss nos acompañó en ese difícil tránsito entre la adolescencia y la adultez. De los pensadores más importantes de nuestro tiempo, nos enseñó del mercado de hidrocarburos, teoría de juego, moral, sociología, capitalismo, a enfrentar las consecuencias de nuestros actos, de resiliencia y, desde luego, del amor y de todo lo otro que ofrecen en Tinder. Todos conocemos esa emoción cuando suenan las trompetas seguidas del “tú me dejasteS caer…” (solo a él le perdono esa “s”) y el resto es historia, porque sabemos que hasta el más serio y metalero de los amigos, con el estímulo adecuado, perrea hasta el -3. 

Socio S.E., Chile será la tumba del neoliberalismo, pero después del concierto y el Cyberday…

Es bien loco el apego (que comparto) de los chilenos por las bondades del capitalismo. Parece más un afán de la elite de izquierda progre esta obsesión con el cambio del modelo, la refundación, asesinar la meritocracia… se indignan tanto que casi lanzan su smartphone 18 XP pro lejos y casi escupen su frapuccino macchiato latte con un shot de avellana…

Toño (Gramsci) la hizo, entendió todo. De este lado estamos llegando tarde y algunos ni eso. Creer que los resultados del modelo hablarían por sí mismos fue un error, porque apelaba a la gratitud y la memoria, dos cualidades febles del ser humano. Faltó contar historias, cultivarse, tirarle onda y filosofía… la posverdad corrió sola.   

No se trata acá de “romantizar” nada, como se dice en progre. No, Chile no era perfecto. Había mucho por hacer. Pero no reconocer y agradecer los logros de este pequeño país que no está precisamente en el Báltico y que fue pobre la mayor parte de su historia, es también injusto. La progresía, por definición una elite, cree que la historia del mundo partió el día de su nacimiento y desprecian profundamente a su propio país. Y esto es cierto sin importar desde qué país de Occidente lo leas. Porque solo alguien genuinamente de la elite, que ame más su moralina que a su país, o deliberadamente ignorante tanto de la historia como de su propia historia, podría despreciar los logros de Chile. 

Y aquí estamos, como si nos hubieran borrado la memoria, listos a repetir los errores propios y ajenos. ¿Cómo nos permitimos esto? ¿Por qué en Chile el “dato no mata relato”? A diferencia de Argentina, a quienes no hay que contarles cómo se siente la inflación y la pobreza de la mitad de su población, en Chile ya somos varias generaciones que no sabemos. Que hemos disfrutado de este infierno neoliberal. Dejamos de contar nuestra historia, con honestidad y de pasadita ninguneamos el esfuerzo y la dignidad con la que nuestros ancestros nos permitieron estar aquí. Y eso nos tiene en esta distopía sin fin, en que nadie parece temer a la crisis política, económica, social y moral por la que ya pasamos, solo a sus consecuencias. 

Hoy no tengo predicciones, solo agradecimiento, porque es justicia. A nuestros ancestros, a todos sin importar cuando ni de donde vinieron pero que hicieron de Chile su hogar y que, con no pocos sufrimientos lograron depositarnos en este siglo con una prosperidad que les fue esquiva. Porque ellos sí creyeron en el mérito y el orden. Y a Daddy por venir a recordarnos la historia común, que ojalá volvamos a contarnos, pero con honestidad. 

*Todas las columnas de K Sandra.

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