Hay algunos que esperan este domingo para ir a misa a agradecer y otros para cortar cabezas con la guillotina en la plaza pública hasta desfallecer. El domingo no parecen haber más alternativas que el bien o el mal; o ya pusimos el cogote en la piedrita para que nos corten la cabeza o ya cargamos el fusil (depende la encuesta ). Gane el que gane o pierda el que pierda, nos le vamos a ir encima como perro mastín, como una barra brava enardecida por la pasión de creer tener la razón, por la razón o la juerza como dice el escudo patrio. 

Me acordé del popular concurso de Sábados Gigantes, «¿Dispara ud. o disparo yo?». Ta’ que era emocionante. Ahora también lo es, pero en esa época había esperanza de un premio mayor si la bala la tenía Don Francis, o ud. en segunda instancia. En todo caso, para que no nos hagan tontos, el que dispara primero muere segundo. Digo, para que le demos una vueltita a esto de irnos encima como perro mastín; en cualquiera de los dos casos, gane o pierda, si se pica, el que pierde es ud. 

Todavía no aprendo adivinar el futuro, aunque tomé algunas clases con la Yolanda Sultana y repito a diario «que los vaiga bien, que los vaiga bien». En conjunto ando citando y aplicando a mi filósofa favorita, Rafaella Carrá, que nos conquistó con canto y encanto. «Por si acaso se acaba el mundo, todo el tiempo he de aprovechar…»

He aprovechado de asistir con mayor entusiasmo a unos aquelarres o llobris en los cuales participo comúnmente y suelo reunirme con gente extraordinaria y a simple vista algo loca que cree que todo tiempo difícil igualmente hay gozar, bañarse en el mar, celebrar y aprovechar para crecer y avanzar. 

Unos apuestan por abrir un nuevo restaurant (qué locura, dirá la mayoría), otros deciden invertir en el sur, en cambiar de vida con niños, camas y petacas (unos inconscientes locos, dirán otros)… todos apostando no solo con la valentía de jugársela sino que construirlo, y por arriesgarse en tiempos de tormenta. Son mezcla entre esa ingenuidad de la post guerra, de creer que todo se puede, algo pelotuda, por apostar vivir de donde todos arrancan, valiente, por arriesgar el patrimonio familiar, inteligente y resiliente por abrir su mente, y tremendamente creyente de que la vida es ahora y que con la yunta de bueyes que tengamos hay que hacer lo mejor que podamos. 

No es «¿Dispara ud. o disparo yo?». Es «¿Apuesta ud. o apuesto yo?» por un Chile mejor. 

Por si acaso se acaba el mundo… voy a aprovechar de estar con la gente que apuesta, y no con la que dispara; con la que es alegre, divertida e inteligentemente positiva, que es media inconsciente por atreverse; voy a estar con quienes más quiero y me hacen feliz; voy a pensar menos y hacer más; voy hacerme mas pipí de risa -no de incontinencia-; voy a tomar más vino y gastar menos agua; voy a comer más pichanga y menos locos. 

Espero no tener que dispararle a nadie más que no sea una flecha de amor. Apuesto por un Chile y un futuro esplendor y que gane el más mejor. 

*Ver todas las columnas de Jo March

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