Cuando éramos chicos, en esos veranos eternos de abuelitos y primos, cazuelas y 37 grados a la sombra, a veces se sumaban amigos de nuestros padres o tíos. Ellos a su vez tenían hijos, y bueno, ya se imaginarán el nivel de caos.

A uno en particular lo recuerdo siempre. Era mayor y hablaba mucho y muy bien. Tenía el particular talento de ser malo como el natre, pero no solo salir libre de polvo y paja, sino que además lograba convertirse en una suerte de aliado de los adultos. Le creían todo. Se le ocurrían cosas que al resto no, como tapar los baños (en serio) y lograba convencer a sus pares, mis primos de su edad, de seguirlo en todo y luego, con una habilidad única, le decía a cada adulto lo que quería escuchar. De esto último era plenamente consciente, como alguna vez nos dijo: “A la tía Anita hay que decirle que uno está arrepentido y que nunca más, con el tío Pepe hay que dar un paso al frente y decir que uno asume toda la responsabilidad, al tío Tito le gusta que uno repita el mismo sermón que él te da…”. Acto seguido, pasaba a la nueva planificación, más piola, pero básicamente, lo mismo. Lo suyo era un modus operandi.

A mí siempre me impresionó mucho que le creyeran una y otra vez y que siempre hubiera primos dispuestos a seguirlo, porque, eso sí, al final, él se salvaba solo. Mis primos, sin su elocuencia ni el carisma de este otro, terminaban castigados, pese a que, me consta, jamás fueron los autores intelectuales. Muchos años después nos encontramos nuevamente con él, tras lo cual uno de los primos mandó al chat un meme con el típico “no lo sé Rick, parece falso”. Solo les tomó 30 años darse cuenta. 

S.E. una vez más demostró sus dotes de oratoria, tanto en la Teleton como en la Araucanía y ¡pah! 8 puntitos al cesto de su aprobación. Tiene ese talento -como el niño del que les conté- de captar qué es lo que otros piensan, recogerlo y hacerlo propio. Como cuando dijo aquello de “cuando me puse adolescente, medio punky…” para luego decir que la Teleton es de lo más transparente que se ha visto en Chile. Claro, con eso anula lo que todos hemos visto y escuchado de él y sus amigos estos últimos años y parece que cerró su adolescencia (por fin) el jueves 3 de noviembre en la tarde…

Cuando reconoce terrorismo, perdón, “actos terroristas, ah no, perdón”, “actos de carácter terrorista”, le dio a todos los adultos lo que querían escuchar. ¡Al fin! ¡Que repiquen las campanas! ¡Echen las palomas a volar! Aplauso cerrado. Sin embargo, lo que vino luego fueron precisiones respecto de la aplicación de la ley y restitución de tierras, mesas de trabajo que por mucho que uno repita la palabra “concreto” no suenan especialmente innovadoras. Más aún si dentro de su coalición/amistades parece que no les llegó el whatsapp a tiempo y les costó alinearse con este nuevo Boric. 

Tema aparte son los arbolitos, que cada vez quedan más desnudos en su fanatismo, porque, perdónenme, puedo entender que les gustara el Boric 2021, pero el modelo 2022, en ¿qué se le parece? Y no me salgan con que se volvió realista porque ustedes viven en una fantasía y eso les gusta. ¿O encajar las “transformaciones profundas” de la CC ahora por el ladito justifica decir lo que la gente quiere escuchar?

Obras son amores y no buenas razones y esta pitonisa va a sentarse a esperar las obras, porque prometer como marido perdonado dos meses después del 4S no es suficiente para borrar más de una década en otra línea. Yo, por ahora prefiero seguir con el meme:  “No lo sé Rick, parece falso”. 

*Ver todas las columnas de K-Sandra.

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