Era muy chica e impresionable cuando vi por primera vez Jurassic Park, y habitó mis pesadillas infantiles por harto tiempo. Dos cosas en particular: cuando alimentan a los bichos con esa pobre vaquita en suspensión, asustada e indefensa, y la otra, cuando el velociraptor aprende a abrir puertas. Recuerdo esa sensación de “se pudrió todo, es el fin”. 

El ser humano tiende a insistir en una pésima idea, y vuelta a resucitar dinosaurios, incluso mezclándolos para crear engendros cada vez peores. Lucrativo y entretenido si se trata de películas, bastante malo en la vida real.

Hace poco, en un asado, me tocó interactuar con un par de olmos defendiendo a su bienamado líder (¿Hace turnos, como los mineros? ¿Una semana lo sacan en procesión como virgencita y luego atiende solo por twitter?). Estos arbolitos decían que uno no podía esperar que lo arreglara TODO en unos meses.

Tras este iluminador encuentro, volvieron las dinopesadillas. Lo que mi subconsciente trataba de decirme es que el problema de este presidente y este gobierno es justamente un dinoproblema: el PC y todo el racimo de adherentes y extremistas de toda estofa que habitan en la coalición. Porque, aunque quisieran “arreglarlo todo”, no pueden. Están amarrados, ya no solo por su pasado. Incluso si pudieran soltarse del bozal y la precariedad moral en la que los dejan sus declaraciones pasadas, aún así, tienen respirándoles en la orejita al PC. El mismo que dijo que va a ser custodio del programa de gobierno, que valida “las luchas”, que no quieren militarizar el wallmapu (sic) y que hasta tratan de instalar que los poderes fácticos de la oposición (¿cuál?) está detrás de la violencia para promover el rechazo a ellos y al engendrito que soltaron desde la cc. Validando la violencia como método y luego, siempre vistima, nunca invistima… ¡la media perso!

Y es que el PC es un dinosaurio que debiera estar en los museos, al lado de otros totalitarismos. Pero igual que en la dinosaga, se las sigue arreglando para volver una y otra vez, ahora reclutando gente linda, iconos de la moda progre y con Instagram, como si fueran algo renovado, fresco y olorocito. Pero no, siguen siendo ellos: uno se descuida y ¡pah! a abrazar a Maduro… ¡a Maduro poh! A declarar, cada vez con más desfachatez, que siguen siendo lo que siempre han sido.

Los arbolitos insisten en que ellos votaron por Boric, un socialdemócrata, no por el PC. ¡Cositas! Votaron por alguien que tiene la oposición en su coalición y que cuando se decida a hacer algo, aunque sea para que no digan y para que ambos rechazos no crezcan, será con hartos adjetivos y condiciones, verbigracia, “acotado”. Concediéndole además al PC hartos otros puntos en la línea de la revolución. Siempre será excesivo y una traición para ellos y claramente insuficiente para Chile. 

Por eso la ministra se veía así, toda verde y tiritona anunciando el estado de excepción. (¿Vieron que no los necesitaban pa’ eso, derechita asintomática?) Y por eso, escuchar las contradicciones y ambigüedades de los ministros para justificarse llega a ser físicamente doloroso. Ni la vocera con todo su gaslighting pueden con esto. Peligroso el jueguito.

Esta pitonisa piensa que más temprano que tarde este gobierno y sus adherentes comprenderán que no se puede tener un velociraptor de mascota, menos si ya aprendió a abrir puertas. Y ojalá no sea demasiado tarde o Chile entero será una vaquita en suspensión. 

*Todas las columnas de K-Sandra.

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