En 1982 Frans de Waal escribió el libro Chimpanzee Politics, donde presentaba sorprendentes conclusiones sobre la sociedad de los chimpancés y su extraordinaria complejidad, al punto que solo podía ser etiquetada como “política”. Entre las más notables conclusiones a las que llegó está que las peleas, además de raras, solían reflejar los cambios ya producidos y no ocurrían para generar un cambio en las relaciones sociales; en tanto que, producido el cambio, los monos parecían entender la necesidad de mediación y reconciliación con el grupo perdedor tornándose todos menos agresivos. Sorprendentemente, de Waal concluyó que los monos estudiados eran capaces de planear una ruta para conseguir sus objetivos y generar alianzas que favorecieran esos planes. 

Todo indica que el Sr. Presidente debería aprender de los chimpancés y darse cuenta que la fuerza no está en el macho dominante en el gobierno, sino en la ciudadanía, y si esta no está de acuerdo con la forma ni con el fondo de quien lidera, lo deja de apoyar, deserta paulatinamente y genera nuevas alianzas. Eso es, ni más ni menos, lo que generó la unión de voluntades en pro del Rechazo durante la campaña; nuevas alianzas, mayor tolerancia, altruismo y autocontrol; en suma, empatía social en pos de objetivos compartidos.

A la debacle experimentada por el gobierno debida al triunfo de la opción Rechazo en el plebiscito de salida siguió un ajuste ministerial que no podía dilatarse más allá de unos días. El ajuste se realizó, pero quedó cortísimo, no corto, sino cortísimo. Y como ya nos ha acostumbrado el actuar de S.E. Gabriel Boric, quedó de manifiesto que se improvisó a última hora y sin un análisis depurado. El nombramiento fallido de Nicolás Cataldo en la subsecretaría de Interior no es simplemente un “chascarro morrocotudo”, como hubiera dicho el recordado Sapito Livingstone, sino una demostración que donde abunda la incompetencia se eligen incompetentes, privilegiando mantener al PC tranquilo (en la medida de lo posible) a buscar y seleccionar las personas que posean las competencias sobresalientes que hacen falta cuando los temas de violencia, delincuencia y orden público están desbocadas y fuera de control. 

Este nuevo gabinete tiene sus días contados también, como los tuvo el primero, y los tiene contados porque el gobierno hoy, después de la muerte de la propuesta de constitución, se ha quedado sin estrategia, si es que alguna vez la tuvo. Pero además, no parece entender que tras el fracaso del proyecto de nueva constitución, toda la eventual estrategia y el plan original tienen que cambiar porque ya no tiene sustento. Gabriel Boric parece seguir enfrascado en priorizar el cambio de constitución -que ha de partir de nuevo desde cero y puede bien requerir todo el resto del período de gobierno- en lugar de volcarse a sacar adelante un gobierno que está en crisis, sin rumbo, sin respaldo y sin estrategia. Si esto no lo comprende, entonces estamos en presencia de un gobierno que terminó el día que asumió y no como el de Sebastián Piñera, que terminó el día que se firmó el acuerdo por la Paz y la nueva Constitución;  acuerdo que no generó ni lo uno ni lo otro, para fortuna de la Nación.

Los efectos del voto obligatorio por su parte han demostrado que este es el mecanismo más claro y decisivo para legitimar cualquier elección y salvaguardar la democracia, la libertad y detener los excesos de los déspotas. El Congreso debe sin demora volverlo a instaurar para toda futura elección. 

*Todas las columnas de Etiqueta Negra.

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