“Probando, probando, uno, dos, tres …” Cuando creíamos haberlo visto todo en la Convención Constitucional, el convencional Nicolas Núñez (Apruebo Dignidad) nos sorprende con un numerito de aquellos. Mientras se duchaba -en horario laboral por cierto-, pide votar a viva voz, por encontrarse enjabonado. Siendo honesto, yo tampoco habría podido votar de otra manera si tengo mis dos manos ocupadas en el aseo personal de mis partes íntimas. 

No es primera vez que un incidente de alta política sucede ante las cámaras. Muchos recordarán el famoso aseo higiénico del senador Navarro, quien además demostró que tenía un fino y agudo olfato por el buen buqué. También recuerdo a un diputado argentino que, en plena votación legislativa, apretaba y manoseaba desde su casa el botón equivocado ante la cara satisfecha de su asistente. ¡Vaya que son originales los legisladores chilenos y argentinos! Pero faltaba lo más importante: un convencional en plena acción. Así, nuestra Convención se suma a la innovadora cartelera de chascarros virtuales. Puro orgullo nacional.

“Marcos, ¿puedes apagar la cámara?”, exclamó una colega convencional, ante las risotadas de los asistentes. Ante tamaño espectáculo, afortunadamente sus colegas le solicitaron apagar la cámara. De puro envidiosos, me imagino. Descarto que haya sido por un asunto de dignidad, pues a la Convención ya que le queda poco de este atributo. No en vano el Secretario de la Convención le preguntaba recientemente a la Presidenta qué iban a hacer con este circo. En este sentido, el “Duchagate” sólo viene a incrementar el nivel de descrédito y desconfianza en el trabajo de la Convención. Una suerte de gota que rebalsa la tina.

No deja de ser paradójico que, en momentos en que nuestro país vive una de las peores sequías de su historia, este Aquaman criollo asista remotamente a una sesión de la Comisión de Medio Ambiente, derrochando un valioso recurso como es el agua. Siendo recogido como un derecho humano por la nueva Constitución, me imagino que ducharse en horario de trabajo también lo debería ser. “Por una ducha digna” debe ser nuestra lucha, aunque sospecho que será más bien recordada como la “ducha maldita”. Ni el sahumerio de la Loncón los salvará de esta maldición. Ahogará el devenir de la Convención y no faltará quien acuse a Núñez de hacer naufragar la nueva Constitución por dejar la ducha corriendo. 

En el actual escenario, y a pocas semanas de concluir su trabajo, sólo nos falta un convencional votando en vivo desde el WC. Alegan que esta será la Constitución del pueblo, pero no descartaría que termine siendo redactada desde el mismísimo “trono”. Muy monárquico. Hipocresía pura. 

Temo, a esta alturas, que el deficiente borrador de nueva Constitución califique -a lo sumo- como “papel higiénico”. De ser así, ya no será la “Casa de Todos”. Será para el “Baño de Todos”.

*Todas las columnas de Spectator.

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