Me pasó de chica en el centro, contemplar la siguiente escena: un lanza que se llevaba la cartera de alguien. Si un carabinero lograba atajar al ladrón, en ese momento, como por arte de magia (negra), aparecía la misma señora arquetípica que empezaba a vociferar: “¡No se lo lleve, pobrecito, suéltelo!” Poco le importaba a este personaje que segundos antes el individuo en cuestión le hubiera quitado todo a alguien. Ella sentía injusta la detención y berreaba en consecuencia con una suerte de certeza de ser muy buena y compasiva con el inocente… ladrón. Bueno, como sociedad nos hemos convertido en esa “señora”. 

Fue de a poco, como suelen correrse los límites. Primero, con la tolerancia, luego la empatía y por último, los derechos humanos, todos resignificados para terminar por azotarnos con la culpa puritana de esta izquierda radical. Hoy, no es raro escuchar a personas que incluso se declaran “de derecha” (asintomáticos) opinar cosas como “obvio que tienen que manifestarse así porque si no, no los pescan”, o “si van carabineros a cuidar las marchas, obvio que es una provocación a los cabros”, o “yo no lo justifico, pero…”. Y bueno, en Planeta Árbol es similar, pero debemos sumar el ya clásico y reflejo “fueron los pacos” (sic). Décadas ha tomado instalar las bases para llegar a esta pésima versión de El Señor de las Moscas. Y es que cuando el Estado ha perdido el legítimo monopolio de la fuerza, lo que viene es siempre igual: nos empezamos a atacar entre todos, a lo Meiggs. Todo es cancha, y a palos y piedras siguen las balas. Este vacío que es finalmente moral permite el caos. Pero claro, hoy la gente cree que hablar de “moral” es que a uno le molesta que el prójimo sea promiscuo como canasto de hamsters. (No). Así empezó a vestirse el lobo.

Algunos han manifestado lo que primero fue preocupación y hoy están completamente atacaos con lo que ven tanto de la CC como de este gobierno. Perdón, pero, sabiendo que lo que hoy vivimos fue parido por una inmensa violencia; sabiendo quiénes son los que llevaron y llevan la voz cantante y avivaron esta cueca que hoy no quieren bailar, ¿en serio tenían una expectativa diferente? Seguirán sorprendiéndose porque este gobierno no es que haya faltado a esa clase o le falte rodaje o qué se yo; el orden público les suena a algo inventado por Pinochet, como la inflación… Ven la violencia como método político válido. Es dogma para ellos, sus seguidores y la derecha asintomática, por lo demás. Peligroso porque la violencia instalada en una sociedad que no la frena ni la rechaza solo puede crecer hasta tragársela como lobo hambriento.

Lo que veremos del presidente pa’ abajo (que ahora es como comentarista de su propio gobierno, una cosa muy pintoresca) es harto ojo en blanco, adjetivos, etc., cuando la violencia provenga de causas afines. Cuando venga de quienes consideran adversarios políticos, ahí sí que vamos con todo el rigor de la ley, los ultimátum, toda la chaya. Y por supuesto un muy adolescente “esto no se arregla así”… pero no se pongan a preguntar cómo se arregla, no sean reaccionarios. Y siempre, siempre, ante la duda, la culpa será de Carabineros. No esperen algo distinto.  

Esta pitonisa piensa que es hora ciudadanos, de establecer límites y cuestionar el lenguaje. Hablar de moral. Partamos por volver a decirle “delincuente” a quienes queman, saquean y agreden, y no “manifestante”. Dejar atrás la candidez porque si no, cuando finalmente salga el lobo, nos va a comer a todos.

*Todas las columnas de K Sandra.

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