Quien confía en el éxito de una Asamblea Constituyente es porque nunca fue a una reunión de apoderados….

Mientras una mamá pone hincapié (valga la redundancia) en la importancia del buen lustrado del calzado escolar, otro lo mira con lástima porque hace años que van todos con zapatillas. Otro levanta la manito y detalla -con la precisión de alguien que tiene demasiado tiempo libre- cómo en la página 148 del libro de matemáticas, en el quinto renglón, hay un ejercicio que no corresponde al nivel del menor. Salta sor Teresa de Calcuta para juntar la cuota de acción social y la cuota de fin de año, mientras otro se afana el vuelto de la kermesse y el flaco que organizó el bingo se quedó con dos pelotas, que justamente son las mismas que le faltan. 

El profesor está cansado y quiere irse a su casa lo antes posible; le espera otra Asamblea Constituyente con su familia, donde se discute si deben adoptar o no un cachupín que, dicho sea de paso, después de la Ley Cholito, tiene más derechos que él. No sea usted ese que va a la reunión de apoderados y rema siempre para el otro lado, reclama con convicción y lateros argumentos por todo, se vive fijando en el color del pelo, en el pito de tu flauta y de la cacha de la espá’. Decidamos no ser ese ser «humane». Ya que estamos todos en el mismo barco, rememos para el mismo lado. Si no ayuda a limpiar, no ayude a ensuciar. Ayude a achicar el agua del bote. Y si quiere que disminuya la brecha en educación, demuéstrela en acción. 

Acabamos de zarpar, se les ruega a los señores pasajeros no saltar en el bote ni escupir en cubierta, ni encubiertamente, que le puede llegar en la cara. 

Por su atención y buena disposición, gracias.

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