Si le pusiéramos a nuestros sueños las mismas ganas que a nuestras quejas, seríamos un país très jolie.

Tanto repetimos que nos gustaría parecernos a Francia, con sus seguridades y sistemas sociales, políticos y estatales.

En Chile vivimos fijándonos en lo que no hay, en lo que no tenemos, en lo que le falta al otro, en el pasto del vecino, en los hijos del vecino, en el auto del vecino, en que trabaja el vecino, en el asado del vecino, hasta incluso a veces hasta en la señora del vecino…

No nos damos cuenta que nuestro botecito se mantiene a flote con precariedad sin sustento de amor con que navegar.

Nos fijamos desde la crítica, no desde aprender o conocer.

Estamos tan, tan, tan polarizados que un nieto con el abuelo no se pueden sentar en la misma mesa sin traicionarse por pensar distinto. ¿Qué pasó con saber escuchar y oír con la cabeza y el corazón abierto? ¿Lo que pedimos tanto y no damos?

No son las políticas

No son las vivencias

No es la historia

No es la educación 

Estamos hasta Chile chico.

Es la poca capacidad evolutiva de saber escuchar sin interrumpir para meter nuestra wonderful y absoluta visión de las cosas, ni con todo el respeto del mundo me gusta que me interrumpan. ¿A ustedes sí?

Cuando me dicen;

Te quería decir algo con todo el respeto y cariño del mundo…

Es porque de seguro se viene una pesadez con falta de respeto feroz, pero adornada y anunciada que viene con respeto. Chilean chanterie.

Si entendiéramos que la mente abierta a ideas nuevas no amenazan las mías, las enriquecen a más no poder, seríamos efectivamente un país très jolie.

¿En qué minuto perdimos el norte y el sur en manos de pensamientos y actos extremistas?

Extremistas maneras de proceder y pensar con que criticamos en los demás y no vemos en nosotros, ¿quién nos dijo que éramos dueño de la verdad ? ¿Nosotros mismos? Qué pena.

Me hace acordar esos concursos de Sábados Gigantes cuando Don Francisco preguntaba «¿y a usted quién le dijo que se parecía a Julio Iglesias?

-Yo mismo.

El intelectual que se cree más habiloso que los demás porque se leyó más libros que el simpático de la feria, que le faltan más dientes que libros, pero tiene más sabiduría que ni el mejor lector podrá sustentar.

Vamos abriendo la mente, la cabeza, los corazones, sino se nos viene no solo un tema con la Constitución, sino con la manera como vivimos, que no nos promete ningún tipo de futuro esplendor. 

*Otras columnas de Jo March.

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