¿En qué estará Camila ahora?

No me refiero a la Vallejo, de labios rojos, sino a la otra, la que lleva años de años, incluso casi un siglo, esperando que la Reina suba a los cielos junto a Dios Padre todo poderoso. La Queen también era todapoderosa en la tierra, como Jesés pero con pechugas y más fome porque nunca convirtió el agua en vino.

Bueno, pensaba… ¿en que estará Camila Rosemary Parker Bowles? Años de años de años probándose la corona del McDonald’s y la de todos los cumpleaños de las sobrinitas. Debe haber ensayado esto en el espejo 300 días al año por 70 años, lo que es casi una vida entera, algo así como vitalicia en la espera. Debe poner la música de la coronación en su pieza a todo volumen (se sabe de vecinos que llamaron a Paz Ciudadana para reclamar por reiterados ruidos molestos), que hace años pasó de cassette a compact disc y ahora está en Spotify, calcula lo fácil de ensayar. Debe haber hecho más reverencias que mayordomo de palacio. Podría jurar que con Charlie hasta incluso se han soltado algunos chistecitos cuando tenían unas copitas de más y unos pounds menos.

En un acto visionario, hace un mes en Londres, a la princesa de la casa (acá, yo soy la Queen) le adquirí una polerita con 8 pounds y le digo: «Hija mía, hoy en el mercado esa misma polera se cotiza en 289 pounds. No estudié en Oxford, pero de compras algo sé. No traje más poleras, así la tuya es exclusiva junto con las 7.300.678 que vendían en Camden Town. Igual, mi gorda, vai a tirar mas pinta que moco en la frente».

Yo habría ido a su funeral honrada hace un mes. ¿Qué le costaba morirse 30 días antes? Estaba al lado, inclusive la habría ido a ver con ramito de flores de plástico, como se usan en los cementerios de Chile, para que le duren más.

Nunca he ido al funeral de una reina, de la reina del mote con huesillos fui una vez, pero era con cumbia y no con gaita. En fin, no le costaba nada morir un mes antes, nada. Mi Reina,  el gusto de hacer las cosas más difíciles, fáciles. 

Quiero agradecer al príncipe Carlos por abrirme los ojos y tirar por la borda todo lo que pensé era un príncipe azul, y entender que los principitos (pastelitos de La Ligua) son los únicos príncipes que dan felicidad. Se nota que Camila te ama… ama la corona que te falta en la pieza 69. Lady Di de buena se salvó, con quien la supo querer hasta que la muerte los separó.

La última Reina, la Reina Isabel, se fue. Tomó sus alas, su corona y se puso a navegar. Descansa en paz, Reina Isabel, como tú no habrá otra jamás, aunque se vista de seda ni lleve 100 años ensayando frente al espejo con coronas de papel. ¡Qué se ha imaginado!

God save the King

*Ver todas las columnas de Jo March.

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