Evidentemente, el título de esta columna y su sentido es inconducente. No logrará nada de nadie que se sienta aludido. De hecho no va tampoco dirigida a nadie en particular, pero aun si así fuera, tampoco llega a buen puerto por el hecho de repetirlo cuatros veces o cinco o diez o cien. 

Ello me lleva al incidente que protagonizó S.E. Gabriel Boric durante el encuentro de Conapyme con un asistente que interrumpió su discurso diciendo: «¿Y tu constitución?» La pregunta motivó la destemplada y molesta reacción del Mandatario exigiendo respeto cuatro veces seguidas. 

Si bien la interrupción del asistente al acto fue en efecto un desatino, S.E. a todas luces perdió el control y nos mostró una vez más de qué tela está hecho. No puede discutirse que el cargo que ostenta Gabriel Boric es merecedor de respeto; sin embargo, la persona que ostenta dicho cargo es un ente enteramente distinto y en consecuencia el respeto se lo debe ganar y nunca exigir. Así las cosas, aunque el cargo implique respeto por definición, la persona no. Lo mismo vale para todas las virtudes que se asumen naturales con el cargo: honradez, sabiduría, cultura, inteligencia, templanza, talento y un largo etcétera. En todas ellos la persona debe hacer honor al cargo, porque de otro modo el cisma entre ambos se hace cada vez más enorme y profundo.

S.E. ha dado ya sobradas muestras de su débil comprensión de esta indiscutible cuestión y de la distancia que le separa de su cargo. Como la ciudadanía no solo es incisiva en su apreciación de toda la cosa pública, sino también en extremo crítica de quienes ostentan el poder, muy poco o casi nada se le perdona al Primer Mandatario. Los paupérrimos apoyos que hoy tiene Gabriel Boric y la brutal caída de su popularidad dan buena cuenta de ello. Junto con este derrumbe en los apoyos, ha caído entonces, naturalmente, el respeto de los chilenos a quien en un momento histórico de completo desvarío, eligieron para ocupar el más importante cargo de la Nación. Un error que le pasará a Chile la cuenta por muchos más años que los que habrá de gobernar el actual Presidente.

Es bien sabida la “soledad del mando” que a menudo puede llegar a abrumar y que puede imponer un costo enorme sobre la salud mental y física de quien no tenga la capacidad de manejar adecuadamente las tensiones que ella trae consigo. El Presidente, además de estar enfrentado a este factor de soledad, también está solo por no haberse rodeado de las personas idóneas, muchas incluso impuestas por el PC, debiendo asumir indirectamente la responsabilidad de tanta mediocridad e incapacidad y tendrá que pagar el precio, en imagen y pérdida de todavía más respeto, de tener a tantos amigos sin las competencias en puestos claves. 

Parece una enfermedad que toda crítica a la gestión gubernamental o toda opinión discrepante se tilde de irrespetuosa, como fue la reacción de la ministra Lya Uriarte al proyecto de resolución en defensa de Sergio Micco. Es como si todo el que no mueva de arriba abajo la cabeza por el actuar del gobierno en señal de sumisión entre a formar parte del grupo que llamaré de “Los Corazones Emponzoñados”, conformado por ya casi 2/3 de los chilenos, entre los que ciertamente me incluyo.

*Todas las columnas de Etiqueta Negra.

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