Chile, nuestra hermosa y larga franja de tierra… no alcanzo a descifrar si es siutiquería, doble standard o un eufecinismo para decir que vivimos en un país largamente estrecho en educación, conexión y reflexión. 

Nos cuentan que en Chiloé existe hace años el Caleuche que se lleva a los hombres y los desaparece por semanas… cuando todos sabemos que es una boîte de baja estofa donde venden agua ardiente que no es agua caliente precisamente. 

Luego está el Trauco, que abusa de las mujeres, pero no es un sireno salido del mar; es un energúmeno saliendo de la boîte llamada Caleuche, al que de seguro le entró agua al bote -que no es otra cosa que estar borracho- y va a hundir su alma y seguro la de más de alguna inocente… Y así vamos  inventando y justificando con mitos y leyendas eufemismos para camuflar lo impresentable.  

En lo escolar tenemos el viaje de estudios, que de estudio tiene lo mismo que yo de rubia… nada. No conozco un estudiante que haya llevado un lápiz para otra cosa que no sea para dibujarse la raya del traste por andar tanto en bus. Así que si vamos a ponerle nombre a actos, mitos y premios, que sean de verdad. Entonces propongo que para la reforma educacional hayan nombres de verdad y premios de verdad para los campeones de nuestro porvenir chilensis. Premios de diferente índole, que celebren a todos en sus diversas capacidades y no a los mismos de siempre, que tienen menos brillo que zapato de gamuza: 

Premio al Escurrío: Este premio es para el más avispado, el atento al lupo, a la vida, que ve en cada problema una oportunidad.

Premio Callaín Bombín: Premio que destaca al piola, al que sabe guardar secretos y es discreto, prudente y no molesta a los demás. 

Premio Chicharra: Premio al más gozador, al que no critica y disfruta sacándole lo mejor a las personas y a las situaciones.

Premio Forflai: Premio al que salva con un four, pero con actitud.

En nuestro último eufecinismo chilensis tenemos a nuestra asamblea constituyente que “sale a terreno”. Sí, sí, se van de “viaje de estudios” con menos estudios que pudor. Para estar en contacto con la gente y toda esa cantinela relamida que no es otra cosa que salir a gastar y pelotudear… Dicen que tendrá un carácter “simbólico” en el Pleno. Por favor, cuando ustedes van por los jeans, yo ya me hice los shorts. Itinerario armado para paseo en lancha por mejillones sin comer mejillones, sino que camarones.

Así que estoy viendo a la Loncón liderando el canto: «El patito chiquito no quiere ir al mar por que en agua salada no sabe nadar…»  

«Estaba el Pelao Vade juntando plata para sanarse, y el patito le decía… Mienteme como siempre, por favor miénteme, necesito creerte, convénceme».  

Dejemos de adornar, camuflar, ensalzar lo impresentable y de hacer parecer que el pasto del vecino es más verde cuando todos sabemos que es de plástico. 

*Otras columnas de Jo March.

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