El uso de las tres palabras que titulan esta columna no es aleatorio. Me di el trabajo de comprobar si mi interpretación de ellas es la que quería dar y para no meterme en camisas de once varas, evité recurrir a “wikipedia” y a cualquier otro “wiki”. Me centré por lo tanto en la Real Academia Española, porque si a alguna institución se le puede dar autoridad es a ella. Y como me estoy refiriendo ni más ni menos que a la convención constituyente encargada de proponer el nuevo texto constitucional, en esto tenía que ser riguroso.

“Desvirtuada” es el participio de “desvirtuar”, que es ni más ni menos que “alterar la verdadera naturaleza de algo” y “quitar a algo la virtud, sustancia o vigor”. ¡Justo! La convención pretende efectivamente alterar, con lo que ya podemos leer de los artículos aprobados por el pleno, la verdadera naturaleza de Chile, su alma y su gente, para quitarle las virtudes que hacen única a nuestra identidad cultural e histórica como Nación. Así, Chile paulatinamente irá perdiendo vigor y sustancia. 

“Delirante”, adjetivo de “delirar”, y “delirar” se define también de dos maneras; como “desvariar, tener perturbada la razón por una enfermedad o una pasión violenta” y “decir o hacer despropósitos o disparates”. ¡También le va como anillo al dedo! La misma idea de proponer al país una nueva constitución nació de la violencia que se inicia ese 18 de octubre de 2019 y que siempre habrá de quedar como una mancha de oprobio a nuestra tradición republicana y democrática. Es precisamente en la convención donde esas pasiones violentas se materializan a través de los disparates que conforman artículos tales como el Artículo 1 de la Comisión de Forma de Estado (y un montón de cosas más), que señala que Chile es un “Estado regional, plurinacional o intercultural conformado por entidades territoriales autónomas…”. Al momento de escribir esta columna hay 43 artículos ya aprobados y quien se dé el trabajo de leerlos  comprobará que dos tercios de ellos largamente superan los despropósitos y disparates. 

“Descarriada” es el participio del verbo pronominal “descarriar”, que se define como “apartarse de lo justo y razonable”. ¡Vaya! Pero si ya la composición misma de la convención está, sin la menor duda, apartada de la justa relación de sentires que conforman el Chile actual y por cierto no es razonable que esta convención en particular nos pretenda imponer una nueva carta magna. No ocupo con ligereza tampoco el término “imponer” cuando se ha evidenciado de manera tan brutal que las propuestas de los pocos convencionales que se oponen a la izquierda ni siquiera merecen ser analizados en su mérito. 

Así las cosas, esta convención desvirtuada, delirante y descarriada no puede pretender que en los meses que quedan hasta el plebiscito no se trabaje incansablemente para desaprobar la propuesta que en un par de meses estará completa, y que solo satisface a quienes nunca han pretendido construir una casa para todos.

Deja un comentario

Cancelar la respuesta