El flamante nuevo gobierno está en una disyuntiva seria y que se reduce a la pregunta: ¿Cómo nos las ingeniamos para ser gobierno y oposición al mismo tiempo? Porque ya se dieron cuenta que es mucho más fácil estar cómodamente sentados en la oposición y criticar, que gestionar el gobierno. Lo primero que me permito sugerir es contratar como asesor a don Eduardo Artés, que durante los varios debates presidenciales fue el primero -y único- en decir que si durante su presidencia una manifestación popular exigía la renuncia del presidente, es decir de él, él mismo no dudaría en unirse a la manifestación y gritar más fuerte que el resto “que se vaya Artés”. No lo dijo con esas palabras exactas, pero eso dio a entender. Consecuentemente, es vital tenerlo en el gobierno como asesor de Su Excelencia el Presidente Boric. 

Lo segundo es continuar, pero con mucho más énfasis, la seguidilla de declaraciones contrapuestas entre los ministros y los subsecretarios, tal y como lo hicieran durante la primera semana de gobierno la ministra Siches y don Manuel Monsalve. Ellos, justo es decirlo, se esforzaron en contradecirse mutuamente respecto a si iba a haber o no querella por el ataque a la comitiva que intentó, sin éxito, entrar en territorio controlado por la comunidad Temucuicui y si hubo o no improvisación en la organización del viaje. He aquí un ejemplo a seguir por los otros ministerios.

Lo tercero es que el gobierno aprenda, con humildad -como siempre suele hacer la izquierda-, del espectáculo de desavenencias que diariamente exhiben los sufridos convencionales de las izquierdas, para ponerse de acuerdo entre sí respecto de puntos en los que están de acuerdo sin estarlo. No es menor lo que hicieron en el pleno y en la comisión de Sistema Político, donde se rechazaron 93 de los 96 artículos, algunos de los cuales obtuvieron cero votos. Es decir, nadie estuvo de acuerdo con los artículos que ellos mismos redactaron. Si eso se extrapola al Gobierno, es muy posible que el Presidente Boric no esté de acuerdo con el Acuerdo de Escazú que firmó el viernes 18 de marzo. Eso sería consistente con el pensamiento del Frente Amplio y del PC.

Lo cuarto es formalizar una mucho mayor participación de acuerdos con congresales como el senador Manuel José Ossandón y otros como él, que brillan por ser proclives a estar bien con Dios y con don Sata, siempre que ello les favorezca en lo personal y les permita proyectar sus carreras políticas, incluso a costa de los mejores intereses de Chile. Tendrán en ellos opositores que no se opondrán, lo que siempre es muy positivo para llevar adelante las iniciativas de ley que aportan más males que bienes, como las que pudimos ver extensamente durante el pasado gobierno. Es decir, en palabras del senador Ossandón, una “oposición colaborativa”. 

Finalmente, debo señalar que es una lástima que Carabineros de Chile dependa solo del Ministerio del Interior y no de todos los ministerios, porque eso sí ayudaría a los ministros a instruir a Carabineros a actuar con energía y seguidamente acusarlos de haber actuado con energía, pasando así a ser gobierno y oposición en cuestión de horas. Además, con el proyecto de ley de indulto ya anunciado, se les cargará la mano a Carabineros con la incorporación a los futuros desmanes de un buen número de los indultados. Quizás la propuesta de constitución en redacción debería tomar en cuenta esta idea, que mucho ayudaría a acrecentar la ambigüedad en el actuar político, siempre tan deseable entre los miembros de nuestra clase política. 

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