Brutal. Así fue el juramento -que fue promesa y no juramento- como Presidente de la República de Chile del flamante Presidente Gabriel Boric al asumir el mando de la Nación. Al llegar a la tercera palabra de su promesa estábamos todos incluidos; a la sexta, ya no. Porque el excelentísimo Sr. Boric, como fiel y más destacado miembro de la izquierda radical, no puede abstraerse de utilizar el lenguaje inclusivo cuando habla. Y como toda la izquierda radical, no se da cuenta que mientras más inclusivo su hablar, más exclusivo es para las personas aludidas; todas las personas -no los personos ni les persones; las personas-.  Hasta que dijo “el Pueblo”, cualquier mapuche o aymara o diaguita o chileno y un largo “o” se sintió parte. A partir de “los Pueblos”, ese mismo mapuche o aymara o diaguita y otro largo “o” ya no estaba incluido en el primer grupo; y lo que es peor, pasó a estar en el anexo, en el addendum de la promesa, es decir, prometió por los chilenos del Pueblo “y” también por todo el resto que no considera parte del primer grupo. Bastaron seis palabras para separarnos y, en mi opinión, para dejar claro también que el más destacado vocero de la convención constituyente había asumido el poder. Brutal.

Muchos piensan que esas seis palabras están cargadas de “simbolismo”. Por el contrario, yo tomaré prestado del esperanto un par de términos y diré que las palabras están cargadas de “sin volismo”, es decir, sin “voluntad”, que esa es la traducción al español de “volismo”. Sin voluntad de apaciguar los ánimos refundacionales de la convención; sin voluntad de frenar los excesos de los combatientes -el retiro de las querella son el reflejo de esto-; sin voluntad de combatir decididamente el terrorismo en la Araucanía -el término ya anunciado del estado de excepción lo ratifica-; sin voluntad de abordar con urgencia los problemas de empleo -las prioridades en las reformas tributarias y de disminución de la jornada laboral son claros ejemplos-; sin otra voluntad, en suma, que llevar a Chile por el camino de la izquierda extrema, que bien puede ser el camino al infierno, a sabiendas o no, aunque por cierto plagado de buenas intenciones, de puños en alto, de trapos verdes y de un largo etcétera.

El nuevo gobierno recién comienza. Lleva solo un par de días y en general las primeras acciones de todo nuevo gobierno permiten hacerse una idea de si podemos esperar de él que sea un buen gobierno o solo un gobierno a secas. Al parecer, el Presidente no ha terminado de entender aún que su condición ha cambiado y que no es lo mismo ser presidente de curso o presidente de la federación de estudiantes que ser Presidente de la República. Se llaman igual, pero no son lo mismo y cuando el Primer Mandatario habla, pasa a ser cautivo de sus palabras infinitamente más que cuando hablaba el presidente de curso. Así, las palabras durante su alocución en La Pintana en relación a la presencia del cardenal Ezzati en la Catedral de Santiago, fueron desatinadas e indignas de su condición de Jefe de Estado. No cabe al Presidente acusar de encubridor de graves delitos contra los niños a un prelado con alta investidura de la Iglesia Católica cuando la Iglesia está separada del Estado y tiene sus propios canales para juzgar las acciones de sus miembros, ya sea que Gabriel Boric las comparta o no. Además, seamos claros: no tiene el Sr. Boric autoridad moral para dar lecciones cuando su tejado es de vidrio.

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