Luego de tres semanas, solo tres semanas de gobierno de Gabriel Boric, podemos afirmar que el resultado es emocionalmente devastador. Un gobierno encabezado por el presidente en ejercicio más joven del mundo nos está demostrando que se cumple a cabalidad el dicho atribuido a Homero ocho siglos antes de nuestra era: “La juventud tiene el genio vivo y el juicio débil”. Está saturado el gobierno de estos jóvenes de genio vivo y juicio débil, demasiados de los cuales son comunistas o tan cercanos a ellos que se han hecho indistinguibles. Y si he citado a Homero, justo es citar a una mujer, Marguerite Yourcenar: “Era muy joven para sospechar que la existencia no está hecha de impulsos súbitos y de constancia obstinada, sino de compromisos y de olvidos”. Parecieran calzar como anillo al dedo ambas citas al actual gobernante y sus estrechos colaboradores. 

Es asombroso ver con qué frecuencia tantas acciones obedecen a súbitos impulsos, tales como la presentación a trámite con suma urgencia del proyecto de indulto a los presos del estallido social, seguramente motivado por el temor a que se desbordaran los ex compañeros una vez más en la conmemoración del día del joven combatiente, tal y como aconteció, corolario de haber socavado la autoridad de Carabineros de Chile por años. O una obstinación irreprimible por dar al PC las embajadas que exigieron, a pesar de la completa falta de idoneidad y condiciones de los nominados -se dejó atrás esa absurda y retrógrada costumbre de nominar diplomáticos de carrera-, entre ellos muy especialmente la Sra. Bárbara Figueroa, de quién conocemos bien su completa falta de diplomacia, bagaje técnico y tino. Parece una afrenta a la hermana República Argentina. 

Si la presidente Michelle Bachelet se enteraba de las noticias por la prensa, los ministros actuales se enteran por Twitter. No tardó más de un par de minutos la señora ministra Siches en declarar que el disparo de un carabinero de su arma de servicio durante la manifestación estudiantil le parecía “gravísimo” y que un “niño” había sido herido. Envió sin demora al subsecretario a visitar al herido, junto a los ministros de Educación y Salud. Los hechos demostraron que todas las presunciones eran falsas y el juicio débil. 

Me atrevo a anticipar que la Sra. Izkia Siches -que no podrá reinfectarse de Covid indefinidamente- será la primera en dejar su cargo y lo hará en cuestión de semanas. No podrá salvar sus circunstancias y no se salvará ella. Sus declaraciones de apoyo a Carabineros tienden a desvanecerse más rápido que los amores de estudiantes. Un poco más tarde dejará su cargo el ministro Marcel, pero por motivos enteramente diferentes. Mario Marcel es por lejos el más brillante miembro del gabinete y francamente parece fuera de contexto entre tanta mediocridad e ineptitud. Se verá enfrentado a una creciente presión del PC y de otros personeros radicales que considera que tanta protección al neoliberalismo no se condice con las demandas del pueblo ni con el programa de profundas transformaciones prometido y se le solicitará la renuncia. Con ello se acabará el último ápice de cordura. 

La convención por su lado, manejada completamente por la izquierda extrema que se hizo del gobierno, ya hoy con sus cerca de 120 artículos aprobados en el pleno, ha fracasado. No fue capaz, ni nunca tuvo la intención, de escribir una constitución que lleve a Chile a nuevas alturas de desarrollo y progreso. Es un total fracaso y la tarea, no de la derecha, ni de la centroizquierda ni de la centroderecha, ni de ningún sector político específico, sino del conjunto de los ciudadanos con capacidad de comprender y analizar, la tarea, digo, es hacer que todos entiendan la gravedad de lo que ocurre y las consecuencias funestas que tendría para Chile de ser aprobada. Además, la pretensión absurda de dar a los pueblos originarios un conjunto de derechos que les separen del resto, en atención a cientos de años de menosprecios y abusos, generará efectos adversos graves para los propios descendientes de esos pueblos, que serán objeto de envidia y de más segregación y ataques, porque los considerarán, más temprano que tarde, injustamente beneficiados en desmedro del resto. Es decir, el “pueblo” marginará a “los pueblos” sin que nadie pueda asegurar que no se llegue a extremos que terminen en situaciones fuera de control. También a ellos, a “los pueblos”, esta nueva constitución les haría muy mal.

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