Chile cambió sus políticos por gente joven, llena de sueños, virtudes, derechos… y cada vez menos coherencia en hacerse cargo de sus actos y consecuencias.

Las comparaciones son injustas pero a veces necesarias para pavimentar, en vez de ripiar el  camino. Pongo como ejemplo las vacaciones… una partía en carpita por ahí no más. Se tomaba el bus, un Tas Choapa sin revisión técnica, neumáticos lisos y chofer bebido o años sin dormir. Llegaba en metro hasta el terminal Alameda con un saco de dormir mugriento que abrigaba menos que chaqueta  de jeans. Mientras, iba pensando si usar las monedas del vuelto para llamar a Santiago cuando llegara a destino o para comprar unas papas fritas con keshu’ en cucurucho. O para comprar en el pueblo mismo un licorcito cundidor, un Ron Pon o algún vino de mal vivir para calentar el cuerpito y el alma propensa a enamorarse del primer artesano ambulante.

En cambio, los jóvenes hoy se van de vacaciones y dicen que tienen todo listo… una falacia. La truly es que se van con nuestro alto auspicio, en autito para que quepan con los amigos ecofriendly que llevan. Parten en auto o van con calefacción y 4WD para que puedan llegar a lugares que no se llega de a pie, tintineando botellas de cerveza, pisco y sus batidos de proteínas que vomitarán horas mas tarde junto con el viñedo completo… carnecitas y alguna verduritas para las amigas veganas, orgasmic free. Y con el servicio de aseo pagado para que les ordene la fox y media que dejan. Llevan sanito también, su frutita con avena para que puedan ir al baño, porque a la “juventud”, con todo lo que han chupao, se les tranca no solo la lengua… Es curioso que cuando chupan se les olvida que son ecofriendly. Hasta con platita se les manda por si quieren comprarse un kuchencito de mora libres de polvo galáctico y radiación solar de la pachamama en 45 mil pesos, pa’ que se sientan que aportan al planeta. 

Ahí es cuando yo digo que se vayan de vacaciones en un Tas Choapa clásico, sin asiento reclinable, y conversamos. Esas son vacaciones de verdad, las que te forman el carácter. 

Hoy tenemos a los ecofriendly en el gobierno, llenos de derechos, pero no saben hacer ni su cama, cambiar una ampolleta quemada sin mirar un tutorial en YouTube, ni menos cocinarse un arroz y ponerle huevos. No manejan porque no quieren contaminar el planeta, pero lo más bien que ponen el potito en auto ajeno para que los lleve a destino. Son intolerantes no solo a la lactosa, sino que a las opiniones de quienes no piensan como ellos. 

El mundo está en sus manos y vuelan llenos de ideas y convicciones para cambiar el mismo, pero me temo que hasta ahora estamos avalando y criando palomas que, más que mensajes, nos están cagando con migas de pan de la puta masa madre… la mezcla perfecta en lo ecofriendly y sano, pero igual te cagan.   

#estamoscriandopalomas

*Todas las columnas de Jo March.

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