Qué sutileza maravillosa esa embriaguez que nos envalentona cuando falta valor, nos quita los pudores y nos alegra el alma, pero cuando nos entusiasmamos de más se nos calienta el buche y nos ponemos hablar pelotudeces y, lo peor, a repetirlas sin pudor alguno y la alegría inicial empieza a tranformarse en estupidez existencial.

Las tres primeras copas son deliciosas y nos ayudan a soltar y explayar risas sin pudor. Los tres primeros retiros nos soltaron la angustia y nos pagaron necesidades para seguir en la fiesta, pero si usted se va a tomar el agua de los floreros y maceteros nos vamos a secar en la misma porca miseria, y la fiesta que partió con tinto termina dando jugo y los comensales que antes cantaban alegres ahora vomitan excesos y se equivocan de chaqueta, se la dan vuelta y se ponen la de gimasia para darse más volteretas que la Nadia Comanechi que se convirtió en la Nadia Comemucho.

Hay una fiestoca en la casa del lado. Parece que está de cumpleaños un tal Giorgio. Se escucha fuerte un cantar: «Póngale, compañero, ¡sí señor!», que insiste e insiste en ir a comprar más tinto para él y para todos… dice que hay un descuento por Cornershop del quinto tinto. 

Yo noto que esto partió como un cumpleaños buena onda, y mientras más tinto, más grito. Ya son más de las dos de la mañana y ahora cantan «Este farol no alumbra, no alumbra este farol…» Al parecer se les acabó el tinto y se les apagó el farol, la tele y el pensar…

Son las 3 am,  llegaron unos payasitos a animar el evento. Son del Circ du Politikein y esto se transformó en una kermesse. Cuando llamé a Carabineros por ruidos molestos me contestó una tal Pamela Gil, que me dijo que los vecinos tienen derecho a pasarlo bien y tomarse todos los tintos que quieran , y encargar más… Pamela, no sé cómo decirte esto, pero ahora se fueron a hacer la fiesta a tu casa y a tomarse tus tintos y a vomitar tu baño. No sé cómo te lo vas a tomar. «Póngale, compañera, ¡sí señor!» 

*Otras columnas de Jo March.

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