La instalación del nuevo gobierno ha sido tortuosamente lenta. A los consabidos problemas en el nombramiento de algunas autoridades, el Comité Político no logra afinar su sintonía. Por más que quieran dar una señal contraria, es un hecho que la orquesta del gobierno desafina. No han logrado desarrollar el oído para tocar dignamente las partituras del poder.

Enfrentados diariamente a la prensa, para dar explicaciones ante la oscilante contingencia política, los miembros del gabinete parecen entretenerse más jugando a una suerte de pasapalabras, que a cualquier otra cosa. Se están convirtiendo en adictos del punto de prensa, solo para ser sometidos a la tortura cruel de la prensa acreditada en palacio. En otras ocasiones, han preferido el campo del Congreso Nacional como escenario para sus chambonadas.

 ¿Qué tiene de malo que la ministra Siches juegue al pasapalabras?, se preguntará Ud. En principio, nada. Pero cuando el gobierno se transforma en un jugador reiterativo de dicho juego y es incapaz, por otro lado, de dar las respuestas adecuadas a las preguntas de los interlocutores, sea por falta de información, desconocimiento o ignorancia, pasamos a tener un problema mayor. Y no es sólo un problema comunicacional. Es más de fondo como declaró el ex ministro Enrique Paris a propósito de la ministra.

Cuando se es autoridad y, en especial, cuando se es ministro, se debe estar adecuadamente informado y preparado para salir a un punto de prensa o enfrentar una comisión parlamentaria. Si no, la posibilidad de cometer un error y de perder en el juego son muy altas. Y en esto, seamos honestos, la ministra Siches, se ha convertido en una terrible perdedora o loser. Y lo ha sido por partida doble. Veamos.

Primero perdió el juego en el Congreso, cuando decidió culpar al gobierno de Piñera por una supuesta fallida operación de deportación de migrantes ilegales. Basándose en información no fidedigna, se aventuró a jugarse por completo por una tesis completamente errada. No sólo tuvo que salir a disculparse con los parlamentarios y el gobierno anterior, sino que de pasadita terminó infringiendo el deber de entregar información fidedigna al Congreso.

Pero la ministra también acumula auténticos desaciertos en la propia casa de gobierno en materias de seguridad pública. Consultada recientemente por los saqueos a un supermercado en Talagante y la detención de más de 40 delincuentes, la ministra Siches declaró: «Voy a consultar, no tengo esa información en este momento”. Aunque Ud. no lo crea, se trata de la persona encargada en Chile del control del orden público. Un error imperdonable para un ministro del Interior por dónde se le juzgue.

Ante la seguidilla de desaciertos de la ministra, no en vano han surgido -crecientemente por cierto- voces criticas en el mundo político, que empujan por su salida del gabinete de Boric. Mientras la cuenta regresiva para la ministra Siches sigue avanzando -que sólo espera un tercer chascarro-, tengo una mejor idea: ¿Por qué no creamos el Ministerio de la Desinformación y la nombramos de ministra? Al menos nos aseguraríamos que se gane un buen sueldo en forma consecuente. Porque si en algo es experta la ministra, es en saber poco o nada.

*Otras columnas de Spectator.

Deja un comentario

Cancelar la respuesta