“Al rico anticucho, guau, guau”, vociferaba con voz canina un vendedor callejero de la comuna de Estación Central. El resultado fue una menor intoxicada con un chip de perro alojado en su estómago. Apelando a mi condición de médico inexperto (casi tan inexperto como un convencional haciendo una constitución), puedo asegurar que “lo que entra por arriba, sale por abajo”, por lo que descarto riesgos para su salud. 

Junto con la denuncia respectiva, surgieron una serie de cuestionamientos a la fiscalización sanitaria e interrogantes sobre los riesgos de ingerir carne de perro, perra o perre: si hace mal o no, etc. Habrá que observar si la menor tiene comportamientos extraños, como levantar una pata al hacer pipí u otros similares. 

Superado el escándalo del perro ajusticiado y crucificado en el fierro de anticucho (dado el contexto de Semana Santa, habría que esperar algunos días para ver si el perro resucita milagrosamente), poco a poco la ciudadanía comienza a asustarse por el “anticucho constituyente” que se sigue cocinando en la Convención Constitucional. A juzgar por la cantidad de animales y el mix que resulta, este anticucho está siendo indigerible para una amplia mayoría de chilenos. Perros, gatos, arañas, serpientes, murciélagos, pájaros y un amplio abanico de fauna chilena forman parte de los ingredientes de este plato gourmet. Hasta Noé estaría apanicado con esta fauna criolla.

Me informo que los chinos son expertos culinarios en platos caninos y que tienen hasta un festival de la carne de perros. Bueno, para no ser menos, también podemos sentirnos orgullos de estar elaborando una constitución más enredada y difícil de entender que un zapato chino (no confundir con el candado chino de Schalper; esto no es lo mismo, aunque a rato se observen ciertas similitudes) y donde también tenemos un festival: la Convención. A ratos un zoológico, también un circo, pero más debería preocuparnos la calidad de su cocina. Esta versión de anticucho no pasaría las exigencias de nuestro modesto Servicio de Salud, por lo tóxico e insalubre que está resultando. 

En caso de ser aprobada, los efectos de este anticucho constituyente nos acompañarán por años, debilitando gravemente la salud del país y de los chilenos, no existiendo vacuna alguna que pueda aminorarlos. La única solución que exhibe la ciencia y la medicina es evitar comerse este anticucho. No es fácil. Nos venderán que el anticucho es de carne de primera clase o premium, que es la mejor receta de la historia y del mundo, entre otros chamullos. Pero cuidado: ¡el anticucho constituyente -al igual que el canino- puede darle rabia!

La prueba de fuego para comprar y tragarse -por décadas- este anticucho será si acaso usted se lo daría de comer a sus hijos y nietos. Le aseguro que su estómago se revolverá y le darán arcadas. Cuándo no se escucha la cabeza (razones), hay que obedecer al estómago (la güata, para usar lenguaje tribal). Se acordarán de mí en algunos años más cuando vean a sus hijos y nietos con cabeza de perro, cola de culebra, alas de pájaros, dientes de murciélago, patas de araña y les pregunten “¿por qué te comiste ese anticucho constituyente?”. No les quedará otra que ponerles cara de pejeperro. 

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