Como hoy me disponía a ir a negociar unas cuentas atrasadas de agua y luz, me vestí para convencer, impactar y desconcertar al Servicio al Cliente. Fui a matar, escote y cabello en forma de cascada cayendo por mi espalda, pantalón apretaito por si me tengo que retirar indignada, pero con estilo. Dicen que las armas las carga el diablo y yo iba parapetada, pero de encanto.

Camino a negociar, me para Carabinieri de Chile. Nerviosa, reviso mis documentos con carita de que sé lo que estoy haciendo, los entrego dudosa por si faltaba información…
Carabinieri revisó minuciosamente los documentos, y de soslayo patente y escote (ni weón), y me dice: 

-Señorita (solo con eso me hizo el día, dejé de serlo hace tantos años…), aquí falta el seguro obligatorio.

-¿Pero cómo? (carita de sorprendida y compungida, casi al borde de una lagrimita). Pagué el SOAP en marzo, online, a la Segunda Compañía de Bomberos de Lonquimay (tienen una nomá).

-¿Lonquimay? ¿En serio, señorita? ¿Pagó allá, señorita? (insiste en lo de señorita, ya se ha ido generando cierto afecto). Yo soy nacío y criao en Lonquimay. Llegué apenas hace tres meses a Santiago a la comisaría y no logro acostumbrarme, extraño mucho a mi familia, mi gente y la cordillera…

Casi, pero casi me tiro vehículo abajo a abrazarlo apretadito, pero lo pensé mejor y nop, podía ser causal de faltas a la moral y a las buenas costumbres, y a veces con el entusiasmo se me olvidan las buenas costumbres y mi moral riñe con la estatal, pero me goberné.

-Soy de la zona, de Curacautín, repliqué. ¿Conoce?

-Claaaaro, me dice, conozco para allá y tengo a muchos amigos ahí, de esos de verdad…

Teníamos más amigos en común que jote por Facebook. Entre risas y conversa llegó el otro cabo teniente segundo; lo noté envidioso, envidiiiiioso, todo porque tuvo el mal ojo de parar a un weón feo con escape libre y con el escote en el poto (poco visionario). Pues bien, el amigo en mi camino aledaño de allá y de la comisaría de acá me dio su celular para que lo guardara por si lo necesitara… (seguro en alguna redada, pensé altiro, o en una fiesta clandestina con Chis Pop de maní). Apuesto me salta brillo en la comisaría junto al cabo teniente segundo y su compañero, el envidioso.

Algunos pensarán que soborné con encanto al carabinieri, pero fue él quien me sedujo a mí con su honestidad y buena onda. Por lo mismo no voy a relatar la extraordinaria experiencia que tuve con el juez de policía local de una zona costera, para los moralistas envidiosos. 

Qué importante es andar bien vestida o parapetada de encanto, tener y hacer amigos en todas partes y saber galopiar de a caballo como una yegua para ir a pagar la cuenta de la luz o del agua. Porque, ¿que te corten la luz o el agua? No tiene precio. 

#ptaquetengocueaentodosentido

*Todas las columnas de Jo March.

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