Está raro todo. No sé si les ha pasado, pero yo me siento en ese extraño espacio entre Navidad y el Año Nuevo o como en esa estación híbrida que es un poco otoño y un poco verano aunque debiera ser primavera. 

Después del glorioso 4-S algo pasó. Estuvimos estresados, algunos de nosotros por años advirtiendo que era imposible que de algo tan torcido saliera algo siquiera razonable. Pero vencimos y fue hermoso. Y nos unimos como hace años no lo hacíamos.  

Lo que ha venido después en ningún caso podría califiarse como “fome”, pero ha adquirido algo de rutinario. Tenemos a los apruebistas aún llorando y denostando a la gente. ¿En qué va la serie que les sugerí Netflix? Yo pienso que “Progres que aman demasiado y los malditos pobretones que no se dejan salvar” sería un hit. 

Luego tenemos al 62% que a estas alturas ha adquirido la categoría de una criatura mitológica; nadie sabe quiénes son, para dónde van, algunos no creen que existan y otros pocos se atribuyen su total representación, aunque aclaran que no le pertenece a nadie. Bizantino resulta el doble discurso porque además de lejos parece que de nuevo esta entelequia les susurra sus deseos solo a ellos y justo coinciden con la agenda que tenían lista y comprometida. Esas coincidencias bonitas que tiene la vida.

Por su parte el gobierno et al.  hizo igual que mi sobrinito chico, que cuando quiere esconderse de alguien se tapa los ojos. 100% de fracaso garantizado. Para ellos el 4-S no pasó, no insista, no sea fascista. 

Los cándidos de siempre, o quizás (aquí me voy a mandar el buenismo del siglo, puede ser por los antialérgicos) como están acostumbrados a tratar con gente razonable, no son capaces de ver genuinamente a quienes tienen al frente. O solo los escuchan. ¿Cómo se hace eso? Porque una cosa son las ilusiones del tipo “Boric va a cambiar, todo va a cambiar Boric, él es el mejor” y otra muy distinta es, teniendo ya a la vista las capacidades y acciones de este presidente y su gobierno seguir esperando cosas que no van a pasar. No hay aquí un “modo socialdemócrata”, por más recados, columnas, ensayos, whatsapps, telegrams, palomas o gallinas mensajeras que le manden. Él se definía a la izquierda del PC, yo pensé que ahí no quedaba mucho de nada, fíjense que estaba el presidente. 

Esta semana se empezaron a escuchar los crujidos en las izquierdas y derechas. 

Se empieza a notar que de lado y lado algunos están pegados con poquito más que washi tape y claro, rechazar el engendrito o aprobarlo unía mucho, pero ahora ¿qué?

Parece que nuestra política lleva años ofreciéndonos soluciones “a los problemas reales de la gente” que no dan el ancho pero sin ideas ni convicciones. O solo ideas (malas) y dogmas. 

Escucho con frecuencia que le pido mucho a los mortales, que lo que espero de los políticos es tan extraordinario que solo unos pocos han pasado a la historia por dar un paso al frente y ofrecer ideas, moral, acciones y convicción en tiempos de crisis. Y sí, uno escucha a algunos presidentes de partidos y dan ganas de llorar en posición fetal. Porque el 62% se nos va a evaporar y de nuevo vamos a estar en el peor escenario y con los mismos de siempre ofreciendo diagnósticos errados.  

Esta pitonisa está podrida de estar en este limbo en que la política no ofrece sol, ni lluvia, solo un veroño que no calienta a nadie. Necesitamos líderes pero con sustancia. Un poquito menos de redes sociales y matinales y ayúdennos a encontrar la primavera.

*Ver todas las columnas de K Sandra.

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