Es agotador vivir en esta suerte de parodia de gobierno en que cada día nos sorprenden con un nuevo absurdo. 

¿Vieron al nuevo Ministro de Justicia? El que se suponía era el héroe de esta tragedia griega en que se han convertido los indultos. Bueno, fue ver su bochornoso primer punto de prensa, para darse cuenta cómo venía la mano. Bajándose del avión, haciéndose el simpático de la manera más prepotente posible y bueno, sin saber mucho y deleitándonos con la gimnasia retórica que tanto gusta en La Moneda.

Cuando por fin hubo leído “los papelitos” resulta que está todo bien, es todo muy legal, insistiendo nuevamente con lo procedimental. Mientras, en planeta árbol, el bienamado líder, ajeno al quilombo que tiene, corrió a abrazarse como koala con el PC y casi llora porque no les pudo decir como el 2021 “compañeros”… ¡puchis! ahora hay que hablarle a todo Chile.

Hasta la vocera ha perdido su mojo, como dicen los gringos. La otrora reina del gaslighting e inagotable cazadora de feis nius no ha dado pata con bola ni siquiera en los looks y ya se le está notando mucho la muletilla que antecede a las verdades maquilladas; “a ver…”. 

El Presidente no es creíble. Ni en SE ni en su gobierno hay maduración, cambio, ni moderación. Quienes se alinean ahí es porque comparten en algo o en su totalidad el programa y el ideario. No nos confundamos. Son y serán la “lista de los indultos”, pero también son la lista del Apruebo que refundaba Chile y la lista del octubrismo.

El 72% de los chilenos está contra los indultos y no por lo procedimental, por el fondo, por las declaraciones del Presidente que se guaneó en el Poder Judicial y con esto en la Constitución y por todo lo que vino después; que sabía, que no sabía, que no leyó, (pero si él es gran lector), que reflexionó, pero sin los antecedentes a la vista como si no hubiera pasado por una Facultad de Derecho, que fue culpa de otros, que no, que estuvo todo bien hecho, etc. 

Gabriel Boric, el ciudadano, no existe desde el 11 de marzo de 2022. Y si se ha tenido una vara para medir a todos los otros presidentes tanto en su actuar como en sus declaraciones, no hacerlo con él en algo así de grave es una bofetada de ida y vuelta para Chile. 

Declararse perros, o que buscarán criminales por cielo, mar y tierra para luego indultarlos, es una burla tan maliciosa que ni todos los trenes del siglo XIX, ni las pequeñas cabezas que cortaron serán suficientes para calmar la ira, porque el mensaje es uno solo.

¿A quiénes corre a abrazar el Presidente? ¿Qué consignas gritaba en 2019 el muy inocente Castillo? ¿Dónde está el corazoncito de este Presidente y de su Gobierno?

La respuesta es clara y es también a lo que el 62% le dijo que no. Luego, ¿qué es peor: exigirle mediante la institucionalidad vigente al Presidente que rinda cuentas por esto que es gravísimo, o arrastrar y acumular más de estas “desprolijidades” (porque habrá más) hasta que la decadencia nos coma y la confianza de la gente en la política desaparezca? ¿Qué es menos malo para Chile? 

Esta pitonisa piensa que hay aquí, como desde 2019 un estándar moral, que resultó ser de patitas bien cortas y que está a la base del pesimismo que muestran las encuestas. Ya nos agotó. Hay una decadencia que se huele y no solo en Santiago Centro. Entonces, son las oposiciones, sin miedo, las que tienen que exigir que el Presidente se haga cargo de la responsabilidad política que tiene. Y si aún dudan, solo les voy a recomendar una cosita; vean a quién abraza. 

K-Sandra

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