Si alguna duda quedaba respecto a la visión que tendría el gobierno de Gabriel Boric para seguir adelante una vez asumida la derrota del 4 de septiembre, esta se disipó  por completo con el anuncio de la reforma de pensiones. Evidentemente el gobierno no ve bien a largo plazo, su miopía política lo deja claro, no ve casi nada a corto plazo, y el mediano plazo lo ve tan borroso porque cataratas tan avanzadas no son operables. 

La ciudadanía, que es más criteriosa de lo que los gobernantes imaginan, se da cuenta que la propuesta de reforma al sistema de pensiones es una barbarie y va contra los intereses de los trabajadores. Es tanta la plata de los trabajadores que administran las AFP, que la izquierda, experta en gastar a destajo lo que pueda encontrar a la mano, tiene urgencia por hacerse de los fondos que pueda, aunque intente disimularlo. La propuesta crea un APA, un IPPA, un IPP, un FIP, mantiene la CCI y termina con las AFP y el IPS. Solo faltó un UPA -que es lo único que recordaremos si llega a ser aprobada-.

El APA (Administrador de Pensiones Autónomo) será el organismo encargado de afiliar, cobrar y pagar, por lo que ahí habrá mucho dinero, lo que ya deja grandísimas dudas. 

El IPPA (Inversor de Pensiones Público y Autónoma) será un ente ESTATAL cuyo objetivo será la inversión de los fondos de los afiliados, tanto del 10,5% de cotización individual como del nuevo 6% extra que no será del trabajador. Por mucho que se revienten diciendo que este 6% lo paga el empleador, al final será financiado por el trabajador, pero no será de él. Un absurdo.

El IPP (Inversor de Pensiones Privado) será una primera derivada de la AFP pero que solo podrá encargarse de la gestión de una parte del dinero de los cotizantes, una Sociedad Anónima a la que llegarán los actuales fondos de las AFP, salvo que el afiliado indique lo contrario. Estas IPP no podrán gestionar los dineros del 6% adicional -el fondo colectivo-, porque claro, no son del trabajador.

El FIP (Fondo Integrado de Pensiones) corresponde al 6% que deberán aportar los empleadores y que se irán a una “cuenta personal” del trabajador pero que no son de él, porque solo son un “derecho” a su nombre que no forma parte de su patrimonio ni será, por supuesto, heredable. Me atrevo a asegurar que jamás verán los trabajadores un peso de su FIP.

La CCI (Cuenta de Capitalización Individual) se mantiene tal cual, pero no será administrada por las AFP, que desaparecen porque fueron creadas durante el gobierno militar y por lo tanto tienen una “ilegitimidad de origen”. Me pregunto si todos los chilenos nacidos durante ese período ¿también tendrán una ilegitimidad de origen? El fanatismo puede llegar a límites ilimitados o bordes desbordados, como podemos apreciar claramente en los personajes que nos gobiernan.

Gran parte de los “males” que se tildan al actual modelo de pensiones está en las comisiones “usureras” por saldos de las AFP, las que por lo tanto el sistema promete bajar -no eliminar- a la mitad. Asimismo se eleva el actual tope imponible en un 50% por lo que las rentas altas verán disminuir sensiblemente su ingreso líquido. También se eliminan los multifondos, es decir aquel tema que da libertad a los trabajadores para tomar sus propias decisiones de riesgos según su particular perfil de riesgo. 

Es evidente que esta reforma es ideológica, nos da menos libertades, nos obliga a pagar a los que nunca cotizaron -en pos de la solidaridad naturalmente- desincentiva el ahorro, genera menos ocupación formal, en beneficio de la informal, afecta la contratación de jóvenes y va en contra de la opinión mayoritaria de la población, que con justa razón se indigna y exige que “con su plata NO se metan”. 

*Todas las columnas de Etiqueta Negra.

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