“… los colegios tienen que ser los últimos en cerrar y los primeros en abrir”. 

Una vez más la realidad (opresora) hizo lo suyo, y entre el covicc y todos los virus invernales quedó tan la escoba con las camas críticas de la gente chica, que hubo que adelantar y alargar las vacaciones para dicha infinita de padres y apoderados que, como el gatito del meme, tuvieron flashbacks del 2020.

¡Ay, si tan solo estuvieran en la oposición los que hoy están en el gobierno para que nos dijeran qué hacer!

De alguna manera aquello del “otra cosa es con guitarra” no termina de caracterizar a este gobierno. Porque parece que su real vocación es la de la crítica destructiva desde la trinchera opositora para construir un relato que les permita llegar al poder, ¿y después? 

Cuando recién comenzaba la pandemia, una conocida que tenemos en común con la Dra. Siches (soy amistosa) se daba el trabajo de repetir casi a diario: “ella lo hace para salvarnos a todos y es super objetiva… no tiene agenda política”. Por mi vida se los juro que es cierto. Un día que ya me tenía hasta la tusa comenté que sale pa’ allá y que le apostaba que iba a terminar de ministra, pero onda (sic) del Interior, no de Salud, porque a ella la movía el poder. No les cuento esto para jactarme (un poco sí), sino para transparentar algo. La humanidad se encuentra en un momento de desarrollo científico como nunca, pero, con la soberbia propia de estos tiempos, se ha dejado de lado un detallito tan antiguo como la humanidad misma: el manejo de las pandemias tiene dos patas, uno técnico y científico y uno político. O ¿acaso había un afán técnico al tratar al anterior gobierno de “infelices”, “asesinos”, “genocidas”? Con esto, no solo le patearon la jaula y soltaron a los puritanos de siempre que hasta pedalearon a la casa del ministro de Salud a funarlo, además -y era que no- construyeron un relato, una propaganda tan eficiente que lograron posicionar a Izkia y sus caballeros del Zodiaco como salvadores de Chile. Capital político enorme que le alcanzó hasta para echarse al hombro, a lo Luisa, a un alicaído Boric post primera vuelta y depositarlo en La Moneda. Si lo que dijo esta conocida hubiera sido cierto, lo lógico hubiera sido que las puertas del ministerio de Salud se hubiesen abierto de par en par para recibir a Queen Izkia, salvadora de Chile y entrenadora de pokepresidentes. Pero no… ambición política, baby. 

Ahora tenemos dos problemas: aparte de mucho “los y las”, yo no veo que haya aquí un plan, una comunicación, una ruta clara respecto de la pandemia. Y por lo mismo la decisión de mandar a casita a los niños, independiente de su pertinencia técnica o no, cayó como un balde de agua fría para muchos padres y pequeños pandemials, que lo han pasado pésimo. De alguna manera se sintió como volver al 2020, ese año atroz que, como de Bruno, no hablamos porque nadie está orgulloso de lo que hizo.

El segundo problema es que no hay cuestionamientos. El Colmed ahí está, entre tibio y frío, no hay pandemiólogos, no hay una prensa que se lance al cogote para obtener respuestas. Bueno, de esta última en particular no se espera ya mucho, si muchos lanzaron por los aires hasta sus corbatas como calcetineras… les ahorro el chilenismo.

Esta pitonisa piensa que este gobierno tiene toda su energía e ideología puesta en que les aprueben el horrocrux ese y, como muchas otras cosas, el manejo de la pandemia les importa, pero no taaanto. La pregunta es: y la ciudadanía, ¿cuánto más aguanta antes de activar el modo Maribel?

*Ver todas las columnas de K Sandra.

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