Se acabó, por fin. Durante un año estuvimos expuestos a un cúmulo de desatinos, de extravagancias, de excesos, de irrespetuoso maltrato a Chile, su historia, su gente y sus costumbres, de insulto a sus héroes y tradiciones y de ninguneo a los ciudadanos que nunca estuvieron de acuerdo con la convención constitucional ni con este camino elegido en noviembre del 2019. Se acabó, por fin, el “trabajo” de la convención.

Sin embargo, lo que comenzó el mismo día 4 de julio, es decir, la campaña del Apruebo, nos expondrá en primer lugar a mentiras de toda índole; mentiras en el respeto falso mostrado a nuestros símbolos patrios -no creen ni en la bandera ni en la canción nacional los convencionales de izquierda radical-; mentiras en que esta propuesta protegerá a los ciudadanos, les dará más derechos y beneficios y no les quitará nada; mentiras que se podrá, en el nefasto caso que sea aprobada, modificar fácilmente; mentiras, en suma, que aprobar para reformar sea mejor alternativa que rechazar para encaminarse, ahora sí, a generar una Constitución -por vía de modificar la actual o escribir una nueva- que en definitiva logre los consensos de la inmensa mayoría de los ciudadanos. Nos verá también expuestos a tener que sufrir la aparición de los mismos convencionales o constituyentes o como quiera que se llamen, en los canales de televisión, en las radios, en la prensa y en eventos públicos haciendo propaganda por el Apruebo donde quiera que sea. En esto serán secundados, con sutileza, para no tener que enojar al Sr. Contralor -aunque con el beneplácito de los contraloritos- por ministros, subsecretarios y funcionarios de gobierno cada vez que puedan deslizar un comentario u opinión que ayude a la causa.

Frente a lo anterior, el trabajo de quienes transversalmente se han ya pronunciado por la opción de rechazar la propuesta, tendrá no pocos escollos que superar, porque serán tildados de traidores, de vendidos a los intereses de la derecha -que en realidad tiene bien poco peso en la imagen ciudadana- y de un sinnúmero de otros peyorativos adjetivos que les darán sin pausa, no como bombo en fiesta, sino como cultrún en machitún, cosa que podría considerarse aún peor. En consecuencia, exigirá una dosis no menor de energía y valentía para enfrentar lo que se vendrá en redes sociales y en todo medio sesgado de prensa que se alinee con la postura del Apruebo. 

Creo fundamental que el Rechazo defina una estrategia y no se limite a responder a los ataques del Apruebo, que se darán sin tregua. Lo primero es centrarse en ciertas definiciones que son fundamentales. La primera, como ya le escuché al presidente Lagos y recién la pasada semana a René Cortázar, que la Constitución que nos rige es la del 2005, firmada por Ricardo Lagos y todo su gabinete y que es una Constitución completamente democrática (René Cortázar en conversatorio de L y D el Viernes 1 de julio). Lo segundo, que la actual Constitución, al centrarse en las personas y no en el estado, será mucho más fácil de perfeccionar que pretender cambiar la nueva propuesta y que ese perfeccionamiento redundaría en muchos mejores resultados en beneficio de la ciudadanía. Tercero, que la voluntad de modificar o crear una nueva Carta Magna tiene apoyo transversal en todo el espectro de personas que están por rechazar una propuesta que destruirá el Chile que hemos construido con tan gran sacrificio todos los chilenos bien nacidos desde los albores de nuestra independencia patria. 

Es tarea infatigable de TODOS trabajar sin pausa y sin demora por el Rechazo para pensar en una Constitución que no destruya Chile y nos proyecte a 40 años de progreso y desarrollo.

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