No puedo hablar con tanto «nohow», porque mis años de matrimonio y un largo pololeo junto a mis prejuicios con tinder, tonter, me mantienen fuera del sistema piramidal emocional.

Pero es imprescindible y necesario hacer un catastro social de esta red para enamorar.

Nunca fui buena para las citas a ciegas, es como tirarse en paracaídas y no saber si vas a caer en la blanca arena o en un pozo séptico. Parece que mis amores y pololos los conocí a la antigua, en vivo, haciendo click con la mirada y la conversada. Hoy, en otro mundo y con pocas ganas de innovar, en un debut ( y despedida ) me atreví a salir en mi primera (y última) cita a ciegas con un caucásico con mucho amigo en común que me daba cierta tranquilidad, pero que tampoco nada podía asegurar.

En un atrevimiento inusual y dejando de lado el prejuicio personal, me lancé a una cita a ciegas con candidato que no me pareció tan mal.

«Hola preciosa», me escribe por el chat como si con esa frasecita me fuera yo a desmayar. ¿A qué hora quieres te pase a buscar? Poca labia e ingenio al conversar, pero me dije vamos a darle una oportunidad.

Me pasó a buscar muy puntual, algo nervioso imagino porque le transpiraba el bigote más que a Rambo.

«Hola amor», fue su saludo para entrar,  y yo me dije «uta que rápido lo logré enamorar». Si me dice «mi amor»“ en media hora más, al terminar la cita me pide la manito en matrimonio sin dudar.

«¿Dónde quieres ir?, innovó en preguntar.

Primer paso en falso, con tanta información en la red que la mujer le gusta un hombre que sabe dónde va, «mi amor» no sabía ni donde me quería llevar. En fin, contesté: «Sorpréndeme con algo rico para almorzar».

*Como dato e e información a la comunidad: elija usted la cita de día, que es más fácil poder escapar o una chiva inventar, si no se quiere con la cita o el cacho continuar.

Nos sentamos y en un acto de confianza y verborrea que no era necesaria, quiso contarme y hablarme de su última relación; con harto detalle, hasta me mostró material gráfico con fotos del amor, los niños de ella, de él, unos tíos, primos… también aprovechó de hablarme de mi futura suegra (a estas alturas ya me estaba tratando de «mi amor») y que le encantaría convidarme a comer a su depto para que conociera a su mamita que vivía con él…

«Uyyy, muero de ganas, pero ahí vamos viendo ¿ya? (temía ofender tanta cordialidad y familiaridad). Como ya pude vislumbrar cómo se venía mi almuerzo, me pedí altiro a la vena un pisco sour catedral para, por lo menos, estar media ebria para poderlo aconsejar y soportar. Le hice un coaching maravilloso, le recomendé luchar por su amor, ir a Colombia  a buscarla, operarle las pechugas como ella quería y vivir felices para siempre, pero él insistió que ese amor ya no le resultó y con su mamita parece que muy bien no se llevó.

Casi adivinando que no me iba  a interesar, y con mayor ímpetu de sí mismo se puso hablar, de lo buen papá, ex marido, buen amigo, exitoso hombre en lo laboral que era en su andar y en algunos casos desafortunados a la ex señora se puso a pelar. Lo mismo a ellos les debe pasar, a cuánta mujer fome se deben también tener que bancar. No es fácil hacer match, ni en la red ni en la vida real.

Continúa la cita… Falta mucho de él, de él, de él, que me quiere aún contar. Pensé que podría preguntar por algo mío, en su verborrea de sí mismo, pero no hubo oportunidad.

Me tuve que reír de malos chistes y con paciencia escuchar unas latas francamente para llorar. Pidió un plato para compartir, imagino para ahorrar, y al parecer tenía mucha hambre porque solito se lo supo zampar, mientras revoleaba los cubiertos como queriendo el tránsito manejar o una orquesta afinar. Pensé en algún minuto que le quería en la lengua un tenedor enterrar, cuando me hablaba de plata y de cuánto este mes iba a facturar.

Cuando me preguntó gentilmente si quería un postre, reconozco que tuve que inventar y saber matar a mi abuelita por segunda vez y decirle que tenía que ir a su funeral.

No te preocupes insinué, con el plato para compartir que te comiste solo y tanto de ti hablar, con el postre me puedo atragantar y la verdad de aquí corriendo quiero zafar. Eso no se lo dije, pero lo pensé y casi, casi lo verbalicé.

Así que fue gentilmente a dejar a mi casa y me aprovechó de contar más cosas de sí mismo por si se le había pasado algo que me pudiera enamorar.

No sé cómo funciona el algoritmo, pero sin estar en tinder ni en ninguna de esta red social, me llegan solicitudes de amistad francamente para llorar. O es Alexis Guillermo de 24 años de Putaendo que trabaja en una faenadora animal que no sé si me quiere conquistar o descuartizar, o Don Julio de 86 años que quiere pedirme pololeo antes que de que asista a su funeral.

Tengo solicitudes de amistad de una gran variedad, un vendedor ambulante de Paine, las mejores sandías me prometió regalar, tengo otro de nuestra raza mapuche que estoy segura en la CAMm me quiere infiltrar de apellido Huaiquipán. Otros más farsantes con fotos de su jacuzzi me quieren deslumbrar y yo de puro imaginar cuanta chiquilla ha pasado por ahí y se ha podido bañar, si acepto ir , pensé, un cif cloro gel voy a llevar. 

Estoy algo regodiona y a varios he dejado pasar y parece que me los voy a farrear y solita sin sandías, ni amor, ni jacuzzis me voy a quedar. No quiero una cita a ciegas más, con no videntes, evidentes, ni frente al mar, porque estoy segura que a ninguno voy amar, ni admirar como lo hago con mi papá, el hombre que ha sido con sus hijos y mi mamá, sin sandías ni jacuzzis, puro amor del bueno nos supo dar.

Jo March

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