A los fomes no los convida nadie a ninguna parte. Ni a almorzar los lunes las mitaditas de empanada que sobraron del domingo. Generalmente se les encuentra en mayor cantidad en primeras comuniones, bautizos, bingos, reuniones de apoderados, retiros, en la escuela de contadores auditores, seremi y en reuniones de copropietarios sin ser propietarios. O sea, en el fondo, levantas una piedra y te encuentras un fome. Están por todas partes y a veces no se les ve venir.

Hay varios tipos de fome: el fome motivado, que no se sabe fome y va a todas lateando sin ton ni son, inconsciente de lo fome que puede llegar a ser. Hay fomes que se saben fomes y esperan ansiosos ser convidados a algún brillo para ir y que crean que no son fomes, y son. Está el fome sabelotodo, para mí el peor de todos, lejos; latea con cátedra de fome con magíster en latero multitransnacional y tridimensional. Son los más difíciles de zafar. 

El fome, cuando habla, lo hace despacito, como intuyendo que nadie lo oirá realmente, o por joder finalmente. Habla mucho de sí mismo, de sus logros y gustos, gustos que generalmente son fomes (mira que muero por saber de tu curso de estampillas de los Países Bajos o de la información de gallinas africanas emigradas a china en el 1900), indolente y ajeno a que nada puede ser más fome. Habla con mucho detallito, bien prolijo, haciendo perder la paciencia y el interés de sus contertulios, alargando y aletargando la letanía de su compañía. 

Afortunadamente algunos fomes tienen el criterio formado y opinan poco porque saben que su intervención será, básicamente, fome.

No confundir el fome con el nerd: el nerd maneja alto nivel de información, pero no la anda compartiendo ni jugando al farsante, porque el nerd es tímido y se sabe más habiloso que los demás, pero no lo anda pregonando, ya tiene suficiente con ser nerd. 

Ahora bien, un nerd puede ser bastante fome.

Cuando el fome es habiloso y sospecha que es fome, habla menos para no latear a nadie ni exponerse a que uno vaya al baño… en Puerto Natales, pa’ demorarse en volver. Al igual que el feo que sabe que es feo es simpático para compensar la desgracia de la injusta repartija de la naturaleza, el fome no se puede dar el lujo de ser fome y mala persona. Hay que matizar y compensar, como todo en la vida. Así que el fome en general es buena gente, tal como el feo es simpático. 

Bien, vamos a lo que nos convoca: apadrinar uno. 

Todos tenemos un fome en la familia, reconozcámoslo. 

Y si usted no lo conoce o reconoce, quizás es porque el fome es usted. 

Apadrina uno HOY.

*Ver todas las columnas de Jo March

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