Es perentorio y urgente pasar a la ofensiva. Se agotó la paciencia y la buena fe respecto a esperar que el texto definitivo de la propuesta de nueva constitución sea un avance respecto a la vigente Constitución de Ricardo Lagos. No tiene sentido esperar al texto definitivo porque el texto de los más de 250 artículos está definido y lo que hará la comisión de armonización será solo de índole gramatical; poner o sacar una coma por aquí y por allá, acortar las frases para una mejor (o peor estética) y un par más de cosas de igual índole. Nada más. 

Se abre entonces la interrogante de cómo se debería abordar la estrategia de trabajo -que debe ser infatigable- para que esta propuesta no se apruebe. Una opción es abordar el tema desde la perspectiva de indicar por qué tal o cual artículo es malo y cuáles serían sus consecuencias. Esta es actualmente lo que más se aprecia en el lado del Rechazo. 

Mi sugerencia es levemente diferente…

Sugiero focalizar los esfuerzos en explicar y destacar todo lo que perderíamos si se aprueba la propuesta. Así reforzamos todas las muchas libertades y aspectos positivos de los que actualmente gozamos y que dejaremos de tener. Además, no tendremos que profundizar en los diferentes artículos intentando explicar el contenido de los mismos que ni los mismos convencionales son capaces de explicar (las miles de vaguedades se aclararán después en la ley, según dicen varios). 

Veamos tres ejemplos, sin ningún orden de prelación, para que se entienda mejor la idea.

“Si usted, Señora Juanita -no sé porqué la Señora Juanita no se pierde una-, decide viajar a alguna comuna de alguna región cualquiera donde haya alguna densidad de población de pueblo indígena significativa y que haya adoptado como lengua oficial el idioma de ese pueblo, su castellano podría no servirle para comunicarse con ellos, porque es usted la obligada a hablarles en su idioma y no ellos en castellano a usted. Estará en Chile, pero no se sentirá en Chile, es decir, será una extranjera en su país”. (Art. 12).

“Usted, don Serapio -quedan pocos Serapios seguramente y muchos menos saben que el nombre viene del latín y significa guardián y protector-, con mucho esfuerzo construyó junto a su esposa unas cabañas turísticas en la comuna donde vive y siempre han tenido un buen nivel de ocupación, suficiente para vivir tranquilo. Pero con tan mala suerte que su comuna pasó a ser autónoma y ahora una asamblea social comunal puede hacer una ordenación del turismo tal, que su actividad, por cualquier causa desconocida hoy, quede fuera de esa ordenación y al margen de poder seguir funcionando. El esfuerzo de años no pasó la prueba de la nueva constitución y su emprendimiento, como el de miles de chilenos, se podría ver irremediablemente truncado”.

“En su tercera generación, su empresa, don Agustín, que fundó su abuelo, ha permanecido en el tiempo gracias al esfuerzo de su familia. Con paciencia y con trabajo han asumido riesgos y dinero cada vez que alguna decisión importante exigió adaptarse a realidades cambiantes y siempre pensando en el largo plazo. Las decisiones y los riesgos siempre fueron asumidos por la familia. Ahora, sus trabajadores, a través de sus organizaciones sindicales tendrán el derecho de participar -no solo de ser eventualmente informados- en las futuras decisiones (pero no de los riesgos), ya sea que convengan o no a la empresa para seguir desarrollándose. ¡Perderemos la cuenta de las quiebras y los fracasos, don Agustín!” (Art. 9 Cap. sin nombrar).

Con el enfoque ejemplificado recién, cuando nos veamos enfrentados a tener que explicar a la ciudadanía por qué NO convienen aprobar la propuesta de constitución, el pueblo entenderá mucho mejor cómo se verán afectadas las libertades de las que hoy gozan y que les resultan, a fuerza de considerarlas dadas por definición, transparentes. 

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