Está difícil escribir sátira política. No vengo a pasar mi hucha de vistipuntos, pero es que ahora, ¡todos hacen sátira! Me siento como mi tata cuando subíamos por Bilbao: “Cuando yo llegué, todo esto era campo”. Material sobra.

Ahí estaba yo, con el modo 18 más activado que nunca, cuando agarro el celular y ¡pah! ¿Israel? Me quedaron las puras cejas arriba. En La Moneda debe haber un cartelito: “Días sin dar jugo” que siempre ha estado en 0.

La ministra de RREE se manda dos al hilo. Filo, se confundió de Carlos (o llevaba una ouija). Pero remata con: “Más allá de lo que se pueda opinar sobre las monarquías…”. ¡En el funeral de mi admirada Cuin!

Y siguieron. Tras un 18 de banderitas, felicidad, y una parada militar perfecta que disfrutamos sin culpa, saliéndonos de la dieta chilenidad-free en que nos tenía el progresismo, S.E. no encuentra nada mejor que declarar aquello de la subordinación. Inseguro.

Mis amigos gringos tienen una expresión que aplica a ellos: tone deaf. Son incapaces de escuchar el tono de la situación pese a lo obvio del sentir general.

Coronamos estos días tan productivos con el discurso ante la ONU. En lo formal, me pareció bastante débil, le he escuchado mejores. Nuevamente (¡nuevamente!) se colgó de Allende y luego canalizó al eterno candidato de oposición/comentarista de su propio gobierno. Pintoresco. Se inclinó ante el altar del progresismo tratando de quedar bien con todos, pero con algunos un poquito mejor, porque se sabe que hay DDHH y ddhh (así, más chiquititos). Se santiguó bien santiguao al mencionar al diabólico modelo que nos tiene como “uno de los países más desiguales del mundo”. (Fuente: arial #12) Y declaró que “nunca un gobierno puede sentirse derrotado cuando el pueblo se pronuncia”. Hay que reconocerle la seguridad pasmosa para semejante descaro. No, presidente, usted y su gobierno eran el alma del Apruebo y fueron derrotados.

¿A quién le habló? A la progresía internacional, con ese afán de pasar a la posteridad que tiene, sí. Pero también a nosotros. Como ese ex picao que manda indirectas en redes sociales. Ese “algunos”, somos como 8 millones. Ego herido.

Nadie se puede contar cuentos respecto de este gobierno que se autopercibe adolescente. Como he dicho en otras columnas, no espero nada de ellos, porque el dogma que profesan es malo. Pero ¿dónde está la oposición? Y no me refiero a la derecha, de ellos tampoco espero mucho. Me refiero a la centro izquierda y a las fuerzas que cuajaron el Rechazo. ¡Los 30 años! Porque lo peor es que no hay consecuencias, no hay responsabilidades políticas, no hay gobierno, estamos acéfalos. Chile no merece ser arrastrado a este barrial de vergüenza internacional e incompetencia. Basta de culpa, de buenismo, acá no se trata de “¡ay no sean pesaos, no humillen al perdedor!”. Esto no es un partido de fútbol, ni siquiera fue una elección cualquiera. Este gobierno apoyó una opción que refundaba Chile, perdió y siguen tratando de instalar sus ideas torpemente, gobernando para ellos e ignorando las necesidades de Chile, castigándolo con indiferencia y desprecio.

Esta pitonisa piensa que si ellos #seguimos, bueno, entonces nosotros #también y necesitamos que nuestros políticos hagan el trabajo de fiscalizar y ponerle límites a este gobierno. No por revanchas ni mezquindad, sino porque es lo que corresponde frente a un gobierno de ególatras revolucionarios. Chile despertó del octubrismo y emplaza a la política; tomen, acá están sus 30 pesos, devuélvannos los 30 años.

*Ver todas las columnas de K Sandra.

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