Chile ha ido construyendo su historia en base a sólidas instituciones, las que —salvo momentos amargos y dolorosos para el país, siempre excepcionales— han ayudado a forjar el carácter de la Nación; curiosamente, el mismo carácter que los grupos más extremos están tratando de derribar en la Convención Constitucional, aunque eso es harina de otro costal. Y ese carácter consiste, en gran parte, en una idea republicana, de tradiciones, formalidades y solemnidades entre autoridades. Por ello, no se logra entender que Iskia Siches, en su calidad de ministra del Interior y Seguridad Pública, se haya mandado un verdadero rosario de denuncias infundadas, livianas y tremendamente injuriosas, en una comisión de la Cámara de Diputados, en contra del gobierno anterior y la política migratoria. Claro, a las pocas horas se escudó diciendo que había entregado “información incorrecta”, pero ese es apenas un eufemismo que dista mucho de la realidad. 

Veamos: en menos de un minuto, el extracto de su intervención muestra que Siches hizo al menos cinco graves acusaciones. Primero, señaló que el gobierno anterior no realizó la expulsión conforme al derecho, dejando por ello una sentencia judicial sin ejecutar. Junto con ello, la ministra resaltó que se habrían gastado cuantiosos recursos innecesarios, al usar un avión a Venezuela con exactamente los mismos pasajeros ida y vuelta. Tercero, Siches acusó al gobierno de Piñera de reingresar a extranjeros expulsados del país, esconderlos y mantenerlos cautivos de la justicia (de hecho, en su intervención, entre risas, la Ministra alega “¿Dónde están esas personas, que tienen indicación judicial de expulsión?”). Cuarto, agregó que el mismo gobierno consiguió “tapar todo con tierra”, sugiriendo quizás alguna maniobra propia de Pulp Fiction. Y más encima, acusó también a la prensa de no hacer su labor, ya que si hubiera sido la izquierda, aquella artimaña habría estado en la portada de los diarios.

Así, la ministra Siches ha demostrado una vez más que no está a la altura del cargo. Y no digo esto porque este episodio se sume a la larga lista de condoros que ha protagonizado en estos días (como llamar Wallmapu a la Región de la Araucanía, o señalar que en Chile hay presos políticos, entre muchos otros) sino porque Izkia Siches aún no logra entender que es una autoridad hablando con otras autoridades. Y eso requiere la mayor de las rigurosidades. Al contrario, Siches cree consistentemente que está en un carrete con su grupo de amigos, un happy hour en el que puede echar y mandarse una declaración, a tontas y a locas, como aquel famoso gesto que se mandó en La Cosa Nostra, cuando aún era Presidenta del Colegio Médico, luego de decir que estaba “en guerra campal con los infelices”, refiriéndose al entonces gobierno del ex Presidente Piñera. Ese tipo de cuñas, en su calidad de líder gremial, ya implicaban un doloroso daño a la imagen de Chile, pero ahora es mucho peor; ya que como una de las principales autoridades del Ejecutivo, su sarta de mentiras compromete directamente al Presidente Boric.

Eso es lo más grave de todo. Es la liviandad con la que la persona encargada, por ley, de coordinar al Gobierno, no sólo políticamente, sino también en materias tan relevantes como la seguridad pública, el orden público y la reinserción social se refiera a un hecho tan grave como la expulsión de delincuentes extranjeros condenados judicialmente. ¿Cómo puede cumplir con su labor de jefa de gabinete una persona que no es capaz de distinguir la evidencia del chamullo, y que no es capaz de revisar un antecedente antes de comentarlo formalmente ante el Congreso Nacional?

Al final del día, el Iskia-Gate es una demostración de cómo está operando el Gobierno de Boric, el que a menos de un mes de ser inaugurado, ya está haciendo agua por muchos frentes, tanto nacionales como internacionales. Se trata, sin duda, de un Gobierno débil, sin liderazgos claros ni profesionalismo, que aún cree que está en un asado universitario en el Intercomunal. Y ese es un error que le puede salir muy caro, no sólo al Presidente, quien puede tener que prescindir de su brazo derecho en apenas unas semanas de gestión, sino a todo Apruebo Dignidad, en su primer intento por demostrar que tienen dedos para el piano.

Harto caro que le puede haber salido el happy hour a Izkia. Paradójicamente, su salida de madre se puede convertir en su hora menos feliz.

*Roberto Munita es abogado.

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