Es increíble que la Municipalidad de Santiago haya multado al dueño de un pub por limpiar la fachada de su local. Y uso el verbo limpiar a propósito. Porque eso es lo que perseguía el multado comerciante, que entiende -como cualquiera que tenga un negocio- la importancia de proyectar una buena imagen.

Santiago Centro da pena. La suciedad impresa en sus paredes con rayados que se perpetúan es una invitación a seguir ensuciando. Y los muros mancillados se extienden por cuadras y cuadras, afectando residencias, restaurantes, tiendas, iglesias… Y resulta que un ciudadano, responsable de mantener un negocio andando y preocupado de ofrecer una fachada amable al público, es multado “por efectuar modificaciones” al inmueble que, por estar en una Zona Típica, “necesariamente requiere de la aprobación del Consejo de Monumentos Nacionales”. Esta es la respuesta oficial (que dicho sea de paso, fue contradicha por el mismo CMN).

O sea que limpiar la fachada pintando encima de los graffitis es una “modificación”. Este es el criterio municipal. Ahora resulta que los vecinos de la Zona Típica requieren una autorización del CMN para limpiar la fachada de su inmueble. La alcaldesa Hassler empatiza con el afectado por la multa, pero se excusa diciendo que no puede hacer nada, porque es el asunto es competencia del Juzgado de Policía Local. Además, insiste en la importancia de cumplir con las normativas.

Detengámonos en la excusa. ¿Quién puso la denuncia ante el Juzgado de Policía Local? Porque estos órganos no andan fiscalizando el cumplimiento de la normativa, sino que la aplican cuando se los requiere. Las municipalidades son las responsables de la aplicación de la ley general de urbanismo y construcción, su reglamento y las ordenanzas, y las multas por su infracción son a beneficio municipal. Y, en cualquier caso, ¿no se podrá eximir al afectado del efectivo cumplimiento de la sanción?

La alcaldesa Hassler trató de estibar las cosas subrayando que hay una normativa que cumplir y es importante que se cumpla. Se puede revisar y corregir, admitió, pero mientras tanto… Mejor no lo hubiera dicho. La primera responsable del aseo y ornato de la comuna es la alcaldesa, como autoridad máxima de la municipalidad. La ley orgánica de municipalidades dice clarito en el artículo 25 que debe velar por “el aseo de las vías públicas, parques, plazas, jardines y, en general, de los bienes nacionales de uso público existentes en la comuna”. Si alguien debiera llevarse una multa para la casa es la Municipalidad de Santiago, por el penoso estado de tantos espacios públicos de la comuna.

Alguno podría reaccionar diciendo “un poco más de comprensión, por favor: se hace lo que se puede; no hay capacidad para mantener a raya tanto antisocial y sus desmanes”. Lo acepto. Pero acépteme usted de vuelta que ampararse en el cumplimiento de las normas para distanciarse de la situación del comerciante multado es una desfachatez, por lo menos. Por último, más allá de normas y competencias y capacidades y otros tecnicismos, no podía pasársele a la alcaldesa la proyección simbólica de la multa. Hay que pedirle mucho al público para que no vea en su actitud un destello de sus convicciones políticas, afines al contexto social que explica el abandono estético de su comuna, y doctrinariamente incómodas con la libertad económica encarnada por el hombre multado. 

*Luis Alejandro Silva es abogado.

Deja un comentario

Cancelar la respuesta