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Publicado el 18 de diciembre, 2015

¿El futuro no está pasando por Chile?

El futuro no está pasando por Chile, al menos no en los últimos dos años, porque buena parte de la izquierda que nos gobierna conserva una concepción de progreso que busca respuestas en el pasado, transforma las oportunidades en obstáculos cada vez más difíciles de sortear y desconfía de la capacidad de las personas de tomar sus propias decisiones.
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Cuando se publicó el miércoles la encuesta CEP, todavía daba vueltas en mi cabeza la lapidaria conclusión de Mauricio Rojas en la conversación con el ex Presidente Sebastián Piñera esta semana, presentando el libro Diálogo de Conversos (del que es coautor con Roberto Ampuero): “el futuro no está pasando por Chile”.

Las encuestas no son verdades reveladas, pero entregan información valiosa respecto de la opinión ciudadana y el estado de ánimo del país en un momento preciso y permiten hacer comparaciones en una línea de tiempo. En esta última CEP del año, dos datos me llamaron la atención porque son un reflejo, muy a mi pesar, de esa frase de Rojas sobre Chile y el futuro.

Primero: los chilenos perciben a la Presidenta Bachelet como poco dialogante y sin voluntad de alcanzar acuerdos con la oposición. Y un país cuya máxima líder, elegida democráticamente para conducir los deseos mayoritarios de oportunidades y progreso durante cuatro años, no tiene la voluntad de ponerse de acuerdo con el registro más amplio de sectores políticos y sociales sobre las cuestiones más relevantes, se parece mucho al cuento del rey que sueña con abrir las puertas de la libertad y la felicidad para sus súbditos, encerrado en su castillo, mientras guarda celoso las llaves del puente levadizo en el bolsillo.

No hay futuro cuando el diálogo y los acuerdos están únicamente condicionados al número de votos oficialistas en el Congreso. Pensar con futuro exige voluntad política (querer cruzar una frontera), liderazgo (convencer a los míos y luego a los otros) y, sobre todo, humildad para mirar experiencias y consultar a los que saben, sin el ropaje ideológico (¿qué políticas han resultado exitosas, aun cuando no calcen con la consigna? ¿Qué experiencias de fracaso no conviene imitar?), impulsando reformas tan sorprendentemente revolucionarias, que estén pensadas para los próximos 30 años y no para la próxima elección.

En julio de 2014, cuatro meses después de instalado el segundo gobierno de Michelle Bachelet, los chilenos conservaban la imagen de la líder dialogante, cercana y transversal que su entrono cultivó cuidadosamente por años (ciertamente, una persona muy distinta a la que oímos una hora después de conocido el fallo del Tribunal Constitucional sobe gratuidad): casi siete de cada 10 personas (65%) creía entonces que la Mandataria estaba dispuesta a llegar a acuerdos con la oposición. La caída un año y medio después es, francamente, estrepitosa: en noviembre de 2015 solo dos de cada 10 personas mantienen esa respuesta.

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Segundo dato: la percepción de que Chile está “progresando” alcanza su nivel más bajo y la de “estancado” el más alto, desde que se publica la encuesta. La caída es persistente en el último año, no tiene que ver con el precio del cobre, o el alza del dólar o con las coyunturas internacionales a las que suelen recurrir la Presidenta Bachelet y sus economistas más fieles para explicar el severo deterioro de la economía en los últimos dos años.

En simple, progreso es futuro y su percepción trasciende a lo económico. Es la manera como apreciamos lo que está ocurriendo en el país, las expectativas que tenemos de los próximos meses y, probablemente, desde ahí muchos tomamos decisiones sobre el futuro (por eso la importancia económica de las expectativas): ampliar la familia, iniciar una empresa, jubilar, cambiarnos de trabajo, comprar una casa, cambiar el auto, etc.

El cambio es dramático en los últimos dos años: en agosto de 2013 para casi cinco de cada 10 chilenos (49%) el país estaba “progresando”; hoy menos de dos de cada 10 personas mantiene ese optimismo.

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¡Apenas un 18% de los chilenos cree que el país está progresando! Precisamente en el período presidencial en el que más discursos se han pronunciado sobre “progresismo”, en el momento en que más impuestos estamos pagando para financiar el mayor gasto público del que se tenga registro en la historia de Chile, con el propósito, como se nos insiste a diario, de que todos tuvieran las oportunidades de progresar. Y, tal vez la mayor de las paradojas, mientras se impone un conjunto de reformas que pretendían “remover” los “enclaves del pasado”, el antónimo literario-político de progreso y de futuro.

El futuro no está pasando por Chile, al menos no en los últimos dos años, porque buena parte de la izquierda que nos gobierna conserva una concepción de progreso que busca respuestas en el pasado, transforma las oportunidades en obstáculos cada vez más difíciles de sortear y desconfía de la capacidad de las personas de tomar sus propias decisiones. Ese futuro al que los chilenos nos acostumbramos, permanece, sin embargo, muy cerca, porque conoce a nuestro país como a ninguno en América Latina, porque nos acompañó durante tres décadas y porque su atmósfera y energía permitió transportar a mejores condiciones de vida y al verdadero progreso a millones de compatriotas que hoy exigen mucho más.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile.

 

 

FOTO: AGENCIAUNO.

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