La revolución tecnológica en curso está generando enormes cambios. Abre oportunidades inimaginables y trae asociados riesgos evidentes. El más obvio e inmediato peligro que, como consecuencia, acecha a la sociedad es la pérdida de empleos.

La automatización y la robótica, asociada a la IA y la big-data, permiten avizorar el rápido reemplazo por “máquinas” de millones de personas en el mundo. En principio, todos los trabajos rutinarios y estandarizables se encontrarían “amenazados de muerte”. Sofisticados aparatos tecnológicos podrán hacerlos más rápida y eficientemente, y a menor costo, evitando de paso las innumerables complejidades que significa trabajar con seres humanos.

No obstante, hay quienes, contrariamente, sostienen que la creación de nuevas tareas compensará y hasta superará la disminución de otras tantas hoy existentes. Respecto al particular no hay acuerdo. Sobre este punto, tan relevante como determinar cuál pueda ser el escenario realista en el resultado de la suma y resta de cupos laborales, es contar con una aproximación plausible de cuál puede ser el periodo que demore el ajuste hasta llegar a una situación de cierto equilibrio.

El impacto llegará a ser radicalmente distinto según la forma en que se desplieguen estas variables: cantidad y tiempo de las mutaciones en el empleo. Además, cabe destacar que los números agregados a que se llegue será preciso enriquecerlos con valoraciones geográficas (por regiones y países), de una parte, y por áreas de actividad económica por otra. Aquí es altamente posible que las distintas situaciones arrojen la presencia de desigualdades significativas.

El cuadro descrito pondrá a los países ante la necesidad de adoptar medidas para acompañar el proceso de variaciones en el empleo. La capacitación masiva y focalizada para que los ciudadanos se hallen en condiciones de desempeñar nuevos tipos de tareas y las políticas públicas solidarias para apoyar a quienes queden desempleados por largos periodos de tiempo, parecen encontrarse entre las predecibles.

Al sector empresarial le cabrá primeramente la difícil prueba de adaptarse a los nuevos escenarios económico-comerciales a que dará origen la transformación tecnológica. Dentro de este contexto, a las empresas les corresponderá asumir la responsabilidad de invertir en la preparación de sus equipos humanos para ejercer tareas nuevas o distintas, al tiempo que desarrollar planes que permitan “amortiguar” el impacto para aquellos colaboradores que, sin desmedro de los esfuerzos que las corporaciones puedan desplegar, no tendrán finalmente más remedio que despedir para continuar siendo competitivas. No aparece de antemano como éticamente plausible pensar en que las organizaciones de negocios puedan desentenderse sin más de sus miembros al momento de tener que realizar ajustes a sus plantillas, aunque fuere posible económica y legalmente.

En las circunstancias sociales y de mercado que se prevén corresponderá actuar con redoblada responsabilidad. Por lo demás, será esta última la que acrecentará su legitimidad social. El bien de las personas, las empresas y del orden social estarán aquí directamente en juego. Quienes ejercen liderazgo empresarial están llamados a participar en el ámbito económico contemporáneo a la luz de los principios de la dignidad humana y del bien común. Los efectos esperados de la “Cuarta Revolución Industrial” y la “Transformación Digital” constituyen, tal vez, el más relevante desafío a la vigencia de ellos en la hora presente.

*Álvaro Pezoa es director del Centro Ética Empresarial, ESE Business School.

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