A pocos minutos de iniciado su discurso, el Presidente dijo: “Compatriotas, quisiera que fuéramos recordados como un gobierno que dio pasos claros y decididos en la construcción de una sociedad sin privilegios ni abusos”. Esta intención del Presidente a la que nadie podría oponerse, es inconsistente con el apoyo al Apruebo con que está comprometido su gobierno y, por cierto, él mismo, porque esa Constitución que él avala, brinda, por ejemplo, amplios privilegios a los indígenas en desmedro del resto de los chilenos. O sea, sí habría privilegios en el país. 

En relación con las pensiones, el Presidente mencionó que se acabarán las AFP para construir un verdadero sistema de seguridad social, comprometiéndose a la vez que se respetará cada peso de los ahorros previsionales acumulados en las cuentas individuales. Eso está bien, pero lo que omitió decir es qué pasará con los fondos del nuevo sistema que pretenden instaurar, y que no irán a cuentas individuales. También se comprometió el Presidente que con la reforma “cada habitante de nuestra patria, de 65 años o más, tendrá derecho a una pensión básica garantizada por el Estado de 250 mil pesos”. ¿Es que subirán la edad de jubilación de las mujeres a 65 años?

En cuanto a salud, lo central del discurso es que se creará un Fondo Universal de Salud, lo que traducido al español significa Fonasa para todos y fin de las Isapres, que según el Presidente “generará mayor equidad en el acceso a servicios, mejorará la atención y reducirá el gasto de los hogares”. ¿Será posible eso, cuando sin considerar los más de tres millones de cotizantes de las Isapres y sus cargas, el Estado no es capaz de brindar un servicio oportuno, que toda persona merece?

En educación quedó al debe, pues básicamente su discurso fue un guiño al Colegio de Profesores, cuando dijo: “Presentaremos a fines de este año un proyecto de ley de Reparación de la Deuda Histórica y pondremos fin a la doble evaluación docente”. ¿Será bueno eliminar una evaluación del nivel profesional de quienes tienen la responsabilidad de educar a los hijos de Chile?  Además, no se mencionó ni a los padres, ni a la educación particular subvencionada ni a las universidades privadas. 

Otra cosa que llama la atención es que de las más de 11.000 palabras del texto, libertad aparece solo bajo el título Libertad de prensa, de una frase donde dice libertad de opinión y finalmente al referirse a personas privadas de libertad. Nada más. De la libertad de emprender, de fundar colegios o medios de comunicación; de educar a los hijos, entre otras, ninguna mención. ¿Será que estas materias quedarán bajo monopolio del Estado? 

Y el gran tema. El Presidente dijo que la violencia le hace mal a la democracia y agregó: “Estoy decidido a hacer respetar la ley, y que los ciudadanos y trabajadores puedan volver a caminar tranquilos por sus ciudades y transitar en paz por sus campos y caminos”. Pero eso no cuadra con el correlato de lo que ocurre en la Macrozona Sur. ¿Acaso se querelló contra Llaitul por llamar a tomar las armas contra el Estado? ¿Mencionó en su cuenta la palabra terrorismo o habló de una guerrilla armada en la Macrozona? ¿Se comprometió a dar su total apoyo político a las FFAA y Carabineros que están cumpliendo tareas en el estado de excepción “acotado”? Nada de eso.

Las omisiones mencionadas cuadran mejor con el diputado Boric, partidario de la desobediencia civil, y con el que votó en contra de 11 proyectos de ley contra la violencia. Qué mejor ejemplo que en 2017, la dupla Jackson y Boric votaron contra la ley de modernización del control de armas. Pero ahora va a presentar un proyecto que permita la total prohibición de tenencia de éstas. ¿Las depondrán la CAM, la WAM, la RMM, la WTKM, la RML, la LRTKM y la Liberación Nacional Mapuche, que operan impunemente en la Macrozona Sur? ¿O los narcos y el crimen organizado? 

Para terminar, la promesa utópica que surge de esta cuenta pública es que el Estado será el actor principal de un nuevo modelo, que presuntamente va a superar las desigualdades, brindará educación, cultura, salud, cuidado, vivienda, seguridad, trabajo decente, menos horas laborales, ocio, pensiones dignas, creará empresas, innovará, será feminista, les devolverá las tierras a los indígenas y acabará con los abusos. La realidad tiene la palabra.

*Jaime Jankelevich es bioquímico y consultor.

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