Cuando el entonces presidente electo Gabriel Boric anunció el nombramiento de Mario Marcel como ministro de Hacienda, muchos respiraron tranquilos pensando que constituiría un dique de contención que evitaría la materialización de las propuestas más radicales que había prometido Boric en campaña. Algunos incluso creyeron que la designación de Marcel representaba una conversión de Boric hacia el modelo de libre mercado. Pero a menos de un mes de iniciado el periodo presidencial, queda claro que, si Marcel venía a ser un dique de contención, a la primera crecida del río de demandas populistas el dique cedió y el país volvió a la misma dinámica de políticas económicas irresponsables y cortoplacistas que ha sido dominante desde, al menos, el estallido social de 2019. 

Una vez que obtuvo una decisiva victoria en la segunda vuelta de la contienda presidencial, Boric buscó calmar el nerviosismo que reinaba en el ambiente asegurando que su gobierno entendía la importancia de la estabilidad y el crecimiento económico. El nombramiento de Marcel, que se había desempeñado exitosamente en varios cargos de confianza en administraciones de la Concertación durante los 30 años demonizados por el Frente Amplio, parecía indicar que Boric quería replicar las políticas fiscalmente prudentes y pro-mercado de esos gobiernos. Como Marcel presidía el Banco Central, la señal que envió Boric a los mercados fue recibida con beneplácito. 

Pero también había razones para expresar cierta preocupación. En el gabinete había más nombres que parecían oponerse al nuevo titular de Hacienda que aliados. El equipo económico no estaba en sintonía con las posiciones que históricamente había defendido Marcel. O bien Boric estaba tratando de calmar a los sectores más duros de su coalición o el nombramiento de Marcel había sido un volador de luces para calmar temporalmente a los mercados. Había buenas razones para dudar del entusiasmo que mostraban aquellos que decían que Boric se había convertido al credo neoliberal. 

Aunque es demasiado temprano para hacer un juicio sobre el legado de Marcel, las primeras señales de lo que ha sido su titularidad en Hacienda son preocupantes. En su primer mes en el cargo, Marcel ya perdió su primera gran batalla. Ante la iniciativa que pretendía promulgar una ley que permitiera un nuevo retiro de las AFP (llamado quinto retiro, aunque en realidad sería el cuarto, porque la anterior iniciativa fracasó), Marcel logró alinear al equipo de gobierno en su oposición a la iniciativa. El argumento utilizado fue que un nuevo retiro tendría efectos catastróficos en la economía porque haría aumentar aún más la inflación y repercutiría negativamente en el acceso al crédito para las familias chilenas y al financiamiento para las empresas. 

Pero como la iniciativa tenía apoyo popular, la oposición del gobierno no logró alinear a los legisladores oficialistas. Además, como el propio Boric —y varios de sus ministros— habían estado a favor de los anteriores retiros, la posición del nuevo gobierno no fue muy convincente. Ante la posibilidad de que un nuevo retiro lograra avanzar, el gobierno —con la venia, si no el liderazgo, de Marcel— sorpresivamente presentó su propia iniciativa de un nuevo retiro de fondos de pensiones. Aunque es muy acotada y en la práctica limita muchísimo quiénes pueden acceder a retirar más fondos de sus cuentas de jubilación, el solo hecho de que el gobierno se haya abierto a patrocinar un proyecto de ley que permite nuevos retiros de los fondos de pensiones es una derrota significativa para un gobierno que debiera estar en su luna de miel, avanzando sus propias prioridades legislativas. 

El precedente que sienta este quinto retiro permite anticipar que habrá nuevos retiros en el futuro, incluso este mismo año. Además, como la iniciativa del gobierno consiste en un listado de condiciones que permiten a las personas acceder a parte de sus fondos en la forma de retiros, es fácil anticipar que, en el proceso de tramitación del proyecto, esa lista de condiciones posibles aumentará para incluir a un número mayor de personas. La cantidad de dinero que se retirará probablemente sea mayor a lo que ahora estima el gobierno y, como la inflación se alimenta de la disponibilidad de dinero en la economía, el efecto sobre los precios no será trivial. Es verdad que el proyecto del gobierno es más acotado que lo que pretendían los legisladores que impulsaron el quinto retiro. Pero si esto fuera una guerra entre el gobierno que quiere defender el territorio de la amenaza populista, Marcel decidió entregar la Región de Arica y Parinacota a cambio de entregar las tres regiones más al norte del país. 

Con el proyecto de retiro de Marcel, el gobierno reconoce su condición de debilidad ante el congreso y hace una concesión que muestra la incapacidad de Marcel para convertirse en un muro de contención contra la amenaza populista de nuevos retiros. Ya que el muro de contención comenzó a mostrar grietas ante la primera subida del río, hay buenas razones para creer que las optimistas expectativas del mercado sobre el nombramiento de Marcel en Hacienda deberán ajustarse a la baja. 

*Patricio Navia es analista político y académico de la UDP.

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