En Estados Unidos, la recesión es una realidad, pues anota dos contracciones económicas consecutivas, y una de las razones para ello es la inflación, la más alta desde 1981, y la caída en la inversión. ¿Y qué les importa a los chilenos la economía de USA? Muchísimo, primero porque es la economía más grande del planeta, y eso sí afecta a un país exportador como el nuestro, y segundo porque trae consigo problemas financieros que agudizarán aún más las ya deterioradas expectativas de los consumidores y emprendedores chilenos.

La economía chilena tiene hoy dos problemas de difícil solución. El bajo crecimiento económico y la inflación. El problema del crecimiento, que el Banco Central comenzó a señalar a fines del año pasado, se explica por el derrumbe de la inversión, muy influida por la incertidumbre política y porque el menor crecimiento de la economía global afecta negativamente nuestro comercio exterior. Por otro lado, la inflación desbocada, tanto por factores externos como por la irresponsabilidad de la clase política al aprobar leyes de alto impacto en gasto como los ingresos familiares (IFE) y los retiros de las AFP. 

El estancamiento de la inversión en Chile es muy grave, ya que esta es el motor del desarrollo y palanca de progreso que afecta directamente a la generación de empleo y los salarios. Según las cifras del Banco Central, cuando terminemos el 2023, la inversión habrá cumplido diez años de estancamiento. Sí, oyó bien, nuestro país tendrá el 2023 el mismo nivel de capital que tenía el 2013. Ahora, si al estancamiento de la inversión, le sumamos el crecimiento de la población más la inmigración, entonces la inversión per cápita baja cerca de 20% en los últimos 10 años. No es de extrañarse entonces, que las acciones chilenas hayan perdido en dólares la mitad de su valor, mientras en el caso de USA el valor se multiplicó por tres en los últimos diez años.

En otro frente, el alza continua y excesiva de precios en Chile se explica por la disrupción de cadenas logísticas como consecuencia del COVID, por el aumento en el valor de alimentos y energía por la agresión de Rusia a Ucrania, y por factores puramente domésticos. En efecto, los excesos producidos por la imprudencia fiscal e insensatez legislativa de los congresistas explican una porción considerable de la inflación actual.  Por otra parte, el delirio refundacional de los convencionales Constituyentes de izquierda, han llevado a que la cotización del dólar esté a lo menos 200 pesos por sobre su equilibrio, todo lo cual no hace más que agudizar el ya complejo escenario de inflación.  

¿Y quién tiene la culpa? Nuestra clase política, qué duda cabe, pues son ellos los que en última instancia aprueban leyes que han sido perjudiciales al crecimiento económico, como lo fue la reforma tributaria de la Sra. Bachelet, los excesos fiscales del Sr. Piñera y los retiros aprobados por el congreso. Pero también ha habido una responsabilidad de los medios de comunicación y algunos de sus representantes, que, en un afán de privilegiar el rating, lo mismo que hacen los políticos para ganar votos, no han trepidado en mostrar medias verdades y no la aburrida realidad. Así es, y como consecuencia de lo anterior, el Chile de hoy es un país más pobre, con menos oportunidades y con mucha efervescencia social, un escenario donde la evidencia histórica señala que el triunfador usual es el corrupto. El caso de Latinoamérica es un buen y preocupante ejemplo de ello.

Los chilenos enfrentamos una decisión compleja el 4 de septiembre. Por una parte, el Apruebo habla de conceptos y sueños, muy atractivos en la superficie, pero a la luz del resultado en otras naciones apoyadas por la misma izquierda radical, sólo exhiben aumento en la miseria y restricciones a la libertad. Por otra parte, el Rechazo abre la posibilidad de escribir una nueva Constitución que nos convoque y que nos haga crecer, una donde la recompensa del esfuerzo personal será nuestra y que haga de Chile un país próspero.

Nosotros elegimos a los políticos responsables de estancar la inversión y disparar la inflación, así es que tenemos una cuota de responsabilidad. Un dicho anónimo dice: “Las buenas decisiones vienen de la experiencia, y la experiencia viene de las malas decisiones”.  Creo que hemos ganado mucha experiencia para enterarnos que las ofertas electorales cargadas de sueños y promesas son caras para las personas de esfuerzo, así es que pensando en el trabajo duro que nos queda por delante, me inclino por rechazar la nueva propuesta constitucional.

*Manuel Bengolea es estadístico de la PUC y MBA de Columbia.

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