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Publicado el 30 de octubre, 2015

El arte de lo posible: la buena política más educación cívica, igual participación ciudadana

Periodista y Licenciada en Historia Paula Schmidt
La iniciativa de reinstaurar la educación cívica en el currículum escolar es una medida loable, pero no exenta de dificultades, ya que su sola promoción no garantiza una renovada actitud de compromiso social.
Paula Schmidt Periodista y Licenciada en Historia
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Huelgas, tomas, marchas, protestas… Todas manifestaciones que indican crispación y que últimamente han repercutido en una baja de la tolerancia y paciencia de los chilenos. Algunos hablan de crisis institucional, otros de una menguante capacidad de llegar a acuerdos. El común denominador: un vacío de actitudes cívicas y la existencia de una generación desinformada y, lo que es peor, desinteresada frente a lo que significa una participación ecuánime en el espacio de lo público.

Es por esto que la iniciativa de reinstaurar la educación cívica en el currículum escolar es una medida loable, pero no exenta de dificultades, ya que su sola promoción no garantiza una renovada actitud de compromiso social.

Hasta el momento, se desconocen las prioridades de esta nueva medida y es muy pronto para exigir sus contenidos, pero lo que sí está claro es que la educación cívica, sin eufemismos ni ideologizaciones de por medio, promueve reciprocidad entre los miembros de una comunidad y los prepara para acceder a espacios de cooperación mutua con igualdad de oportunidades.

Tal es el caso de Canadá, Australia y países nórdicos como Suecia y Noruega, cuyos programas de formación han logrado incrementar el interés, conocimiento y la participación de sus ciudadanos sobre asuntos públicos y privados, además de incentivar la intención de ir a votar.

No existen recetas mágicas, pero sí el ejemplo de perseverancia de dichos Estados, los que han elaborado y evaluado por años sus planes de estudio sobre esta materia.

Un primer paso fue reunir información sobre qué significa participación ciudadana en la población más joven. Luego, se prepararon proyectos prácticos, más allá de la transmisión de conceptos teóricos, debido a que éstos resultan tediosos, aburridos y distantes para los alumnos.

Es por esto que se coordinan visitas a diversas organizaciones públicas, privadas y civiles, lo que promueve la interacción con sus protagonistas. Por otra parte, se analizan los programas de gobierno, se estudia a los partidos políticos para conocer sus propuestas y la trayectoria de sus miembros y se investigan casos reales sobre política, empresa y ONG´s.

Todo esto permite remover las conciencias de las futuras generaciones no sólo en cuanto a su participación, sino también en hacerlas entender que su cooperación es importante para la viabilidad del sistema democrático.

Para el caso de Chile, concientizar sobre lo que significa el trabajo mancomunado, sobre todo en circunstancias de alta tensión como la actual, es un propósito de largo aliento y no dependerá sólo de un currículum escolar, sino también del ejemplo de probidad y buenas prácticas que reflejen aquellos quienes ocupan cargos de alta responsabilidad social.

Es así como la acción cívica posee más de una cara. Existe una más política, que sale al encuentro del habitante sobre todo en momentos de elecciones, y otra más compleja y difícil de desentrañar, la cual es cómo todos los miembros de la sociedad interactúan entre sí de acuerdo a normas sociales y principios consensuados.

Movilizar a los chilenos para recuperar su interés y confianza en las instituciones y sus representantes es un proceso delicado, que requiere del esfuerzo de todas las partes y que trasciende a las necesidades de un grupo en particular.

Si el nuevo currículum logra convocar a las personas para que se transformen en ciudadanos activos, informados y comprometidos, el éxito recaerá sobre todo el sistema social. Hoy se nos presenta la oportunidad de construir un proyecto país (y no sólo de gobierno) preparado para enfrentar los desafíos del siglo XXI.

 

Paula Schmidt, periodista e historiadora Fundación Voces Católicas.

 

 

FOTO:MARIBEL FORNEROD/AGENCIAUNO

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