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Publicado el 29 de julio, 2017

Educación superior en Chile: nada que envidiar al sistema argentino

En vez de elogiar el modelo argentino, nuestra Presidenta bien podría haber ofrecido la experiencia chilena como ejemplo, para que nuestros vecinos tomaran nota y lograran las mismas mejoras que nuestro país en las últimas décadas.
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La semana pasada, durante su visita al país trasandino, la Presidenta Bachelet afirmó que en Chile “la educación superior debería ser concebida como un derecho social y no como un bien de consumo, tal como sucede en Argentina”. Esto, posiblemente, porque allá la ley establece la gratuidad para los alumnos (aunque no para los contribuyentes). No obstante, algunos pensamos que lo importante no es lo que dice la ley, ni quién paga la cuenta, sino los resultados efectivos respecto al acceso, equidad y calidad de la educación provista. Veamos, entonces, qué dicen los datos.

En relación al acceso a educación superior, la matrícula de pregrado en Argentina es de 1,8 millones de alumnos, lo que equivale a una cobertura neta del 29% (entre jóvenes de 18 a 24 años). En Chile, en cambio, la cobertura neta es del 38%; es decir, en nuestro país los jóvenes logran un mayor acceso a educación superior que en el país cuyo modelo nuestra Presidenta añora. Esta diferencia a favor del sistema chileno se acentúa sí consideramos sólo a los estudiantes provenientes de sectores más desfavorecidos: mientras en Argentina la cobertura neta en jóvenes pertenecientes al 20% de menores ingresos de la población es de sólo el 17%, en Chile es del 30%, es decir, casi el doble.

Entre los jóvenes de mayores ingresos, en tanto, la diferencia baja: la cobertura neta en el quintil 5 (20% más rico) es de 55% en Argentina y de 57% en Chile. Así, para quienes gustan de evaluar desde el punto de vista de la “desigualdad”, se podría decir que el sistema chileno es mucho más “igualitario” que el argentino, pues mientras allá la cobertura de educación superior en el quintil 5 es más de tres veces la del quintil 1, en nuestro país es sólo un 88% mayor.

Esto da cuenta de que en Chile los jóvenes provenientes de sectores más modestos tienen mayores oportunidades de ingresar a la educación superior que en Argentina. Y que la gratuidad –que nuestra Presidenta ha impulsado durante su mandato- no necesariamente lleva a una mayor “igualdad”. De esta forma, en vez de elogiar el modelo argentino, la Mandataria bien podría haber ofrecido la experiencia chilena como ejemplo, para que nuestros vecinos tomaran nota y lograran las mismas mejoras que nuestro país ha alcanzado en las últimas décadas.

Más aún, las estadísticas del Ministerio de Educación de Argentina muestran una bajísima tasa de aprobación de cursos; suena increíble que más de la mitad de los alumnos en instituciones estatales (que reciben al 78% de la matrícula de pregrado) no logra aprobar más de una materia. De igual forma, al revisar el número de egresados, se observa que en Chile se gradúan proporcionalmente al año más alumnos que en Argentina, lo que da cuenta de un mayor nivel de logro: mientras acá la tasa egresado/alumno nuevo es de 55,5%, allá es de apenas el 24,6%. Así, en nuestro país no sólo existen mayores oportunidades de acceder a la educación terciaria, también hay un mayor éxito en términos de la concreción de los estudios.

Por último, si bien ambos sistemas educativos se encuentran por debajo de los mejores del mundo y a ambos nos queda mucho todavía por avanzar, en el contexto de Latinoamérica las instituciones de educación superior chilenas están bastante bien posicionadas. Es así como el ranking Times Higher Education (THE) recién publicado ubicó a 15 de nuestras universidades entre las 50 mejores de la región, y a dos de ellas —la Universidad Católica y la Universidad de Chile— en los lugares 3º y 4º. En cambio, sólo una universidad argentina está entre las 50 mejores. Asimismo, el ranking QS pone a nuestras dos universidades más renombradas en los lugares 3º y 6º, por sobre la prestigiosa Universidad de Buenos Aires, en el lugar 11º.

Con todo esto queda en evidencia que el modelo chileno de educación terciaria ha permitido en realidad alcanzar mayores logros que el argentino, tanto en términos de equidad como de calidad. Y que independiente de lo que dice el papel, el “derecho a la educación superior” se ejerce de mejor forma en Chile que en Argentina.

Si bien se entiende que nuestra Presidenta haya querido ser políticamente correcta con los anfitriones durante su estadía en el país trasandino —que naturalmente tiene muchas cosas de las cuales enorgullecerse—, lo cierto es que, si de sistema educacional se trata, no tenemos nada que envidiarles. De hecho, si queremos seguir avanzando, no es buena idea imitar el modelo de educación superior de nuestros vecinos.

 

María Paz Arzola, economista UC

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO

 

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