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Publicado el 30 de diciembre, 2015

Educación pública de calidad ¡Ahora!

De nada sirve una política de gratuidad en la educación superior si los estudiantes más vulnerables del país no pueden siquiera soñar con acceder a las universidades más prestigiosas no por recursos, sino por no obtener el puntaje mínimo que los habilita para postular a ellas.
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Diversos análisis se han realizado a propósito de los resultados de la Prueba de Selección Universitaria 2015. Entre ellos, destaca la contundente baja en el número de puntajes nacionales -65 puntajes máximos en comparación con los 253 del año 2014- que se explica por la incorporación de nuevos contenidos en los planes curriculares, situación que afectó especialmente a los establecimientos estatales.

Una vez más los resultados de la PSU constituyen una verdadera fotografía de nuestro sistema educativo. El promedio de los egresados de colegios estatales se encuentra a 138 puntos de diferencia respecto a los alumnos de colegios privados en la prueba de matemáticas y, lo que es aún peor, el 71% de los alumnos de la enseñanza municipal no alcanzó siquiera los 500 puntos de promedio entre las pruebas Matemática y Lenguaje, muy superior al 54% y 15% de los egresados de colegios particulares subvencionados y privados, respectivamente, que no alcanzaron dicho puntaje.

En los últimos dos años, el gobierno y su doctrina socialista ha priorizado una serie de reformas con la finalidad de “quitar los patines” a los niños y jóvenes que estudian en la educación subvencionada. En la misma línea, los colegios públicos han sido abandonados a su suerte, en una clara nivelación por abajo que no trae ningún fruto positivo. Es necesario que el gobierno haga un giro radical en sus prioridades y, en vez de pensar en cómo disminuir la influencia del sector privado en la educación, debería preocuparse de manera urgente en cómo mejorar sustancialmente la calidad de la enseñanza que recibe la mayoría de los chilenos.

En ese sentido, es necesario destacar tres cosas:

La primera, es que pese a los esperables malos resultados de los colegios municipales en la última PSU, aún existen resultados exitosos, destacables e imitables. Tal es el caso de los colegios de la comuna de Ñuñoa que instalaron a cinco de sus establecimientos entre los 30 mejores establecimientos municipales del país, e incluso el colegio Augusto D´Halmar destronó al Instituto Nacional de su tradicional e histórico primer lugar entre estos colegios.

Lo relevante de esto es que, como ha dicho el ex alcalde Pedro Sabat, los buenos resultados se han obtenido por un modelo opuesto al que busca el gobierno con su reforma educacional. Por ejemplo, la existencia de un plan de largo plazo con la debida autonomía pedagógica, pero también administrativa, que limita el centralismo municipal; evaluación docente con bonos y premios a la capacitación y un permanente estímulo a los alumnos. Es decir, patines para todos y no expropiaciones absurdas.

En segundo lugar, conviene estudiar las causas de por qué el buque insignia de la educación municipal, el Instituto Nacional, con sus más de 200 años de historia, perdió el liderazgo este año. Esto no es de sorprender, considerando que esta generación 2015 perdió 372 días de clases por las distintas movilizaciones, es decir, casi un año y medio de los cuatro que duró su enseñanza media. Pero también puede haber influido la falta de liderazgo académico e institucional, al tener distintos rectores en el último periodo. Todo esto sin considerar cómo se verán afectados sus resultados en el futuro con la limitación de la selección.

El Instituto Nacional representa una gran oportunidad para miles de jóvenes de ingresar a la universidad y acceder a una educación de calidad. Por eso, al mismo tiempo de preocuparnos de mejorar toda la educación municipal, muchos somos partidarios de multiplicar estas “vías rápidas de movilidad social” y de profundizar el trabajo de los liceos Bicentenario, una de las medidas más acertadas en materia educacional del gobierno anterior.

Estos liceos significan una oportunidad concreta para las familias más pobres y de clase media. Sin ir muy lejos, el Liceo Bicentenario de Puente Alto en sus poco años ya es el tercer mejor liceo municipal a solo tres puntos del Instituto Nacional; el Liceo Bicentenario de Talagante ya es el octavo mejor, el de Temuco ocupa el décimo mejor o bien los de Maipú, Coronel, Ancud, San Bernardo o Panguipulli y varios otros se encuentren entre los 35 mejores del país.

Por último, si de verdad queremos avanzar hacia un sistema de educación superior más inclusivo hay que poner prioridad a la mejora de la educación estatal. De nada sirve una política de gratuidad en la educación superior -aún peor la gratuidad universal- si los estudiantes más vulnerables del país no pueden siquiera soñar con acceder a las universidades más prestigiosas del país, no por recursos, sino por no obtener el puntaje mínimo que los habilita para postular a ellas. Lo único que se logra con eso, lamentablemente, es que el gobierno ahorrará fondos para la gratuidad, por la gran cantidad de jóvenes de escasos recursos que no podrán acceder a la Universidad.

Se debe propiciar con urgencia un punto de inflexión y poner en la discusión pública la calidad educacional, con transformaciones que consideren la centralidad de los profesores y la mejora considerable en sus condiciones de trabajo y perfeccionamiento, la motivación de los alumnos, el involucramiento de las familias y la conformación de verdaderas comunidades educativas.

Miles de jóvenes nos hemos manifestado por una educación de calidad. Los que lo hicimos el 2006 desde el Instituto Nacional, el Liceo 1, el Carmela Carvajal y muchos otros, nos manifestamos por una mejora en la educación que reciben miles de niños y jóvenes en todo Chile, con especial acento en los más vulnerables que estudian en la educación pública. Seguir posponiendo este verdadero gran problema social es simplemente una vergüenza.

 

Julio Isamit, Coordinador General Republicanos.

 

 

FOTO: VÍCTOR SALAZAR M. /AGENCIAUNO.

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