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Publicado el 14 febrero, 2021

Un Estadista amigo de Chile y de la integración global

Embajador, académico UDP, presidente Instituto Chileno Sanmartiniano Eduardo Rodríguez Guarachi

Con sus aciertos y errores , improvisaciones y carencias, el Gobierno de Menem fue el intento más perseverante en medio siglo, hasta entonces, para instaurar una economía social de mercado y dar una década de estabilidad política a la Argentina, proceso que permitió una etapa de fortalecimiento e integración con Chile que iniciaba un exitoso retorno a la democracia.

Eduardo Rodríguez Guarachi Embajador, académico UDP, presidente Instituto Chileno Sanmartiniano
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Estos días me encontré con el reflexivo poema “Discurso Fúnebre” de nuestro fallecido premio Cervantes Nicanor Parra. Entre preguntas de ultratumba, los oficios en torno a la muerte y pensamientos de vejez retrotraigo lo siguiente:

“Un caballero acaba de morir

y le ha pedido a su mejor amigo

que pronuncie las frases de rigor”.

No pretendo haber sido su mejor amigo. Simbólicamente, solo trataré a través de esta nota expresar la confianza y sentimientos de amistad que nos unieron con el ex presidente Carlos Saúl Menem, especialmente durante mi periodo como embajador en Argentina. El vínculo que nos aproximó siempre fue nuestro permanente y profundo interés en fortalecer la relación de integración global.

Con profunda tristeza recibo la noticia del fallecimiento de un estadista amigo de Chile. Con 90 años y una vida apasionada más allá de lo político, dependiendo del contexto; fue admirado, seguido, también odiado y vilipendiado. La historia en sus anales lo registra hasta ahora como el presidente que más tiempo gobernó desde el retorno democrático, y para bien o para mal -juicio para los analistas- el ex primer mandatario marcó a su sociedad, y en menos de una década facilitó y enriqueció sustancialmente una significativa relación diplomática con nuestro país.

Esto me evoca innumerables recuerdos durante los cuatros años que tuve el honor de ser embajador en Argentina (1994 – 1998), que se iniciaron el día 2 de junio de 1994, cuando presenté mis Cartas Credenciales al ex Presidente Menen y su destacado Canciller, mi amigo Guido Di Tella. Ambos, luchadores incansables por la integración, lo que fue determinante para solucionar el último conflicto limítrofe tipificado, el mismo que estuvo cerca de llevarnos a un dramático y suicida enfrentamiento bélico.

En este marco conceptual es oportuno rememorar que en la década del 80, Argentina sometió a plebiscito ratificatorio el acuerdo alcanzado por las islas adyacentes al Canal Beagle, que condujo al Tratado de Paz y Amistad de 1984. Carlos Menem, entonces Gobernador de La Rioja, fue el único político peronista que apoyó enérgicamente la iniciativa liderada por el ex Presidente Alfonsín para ratificar la histórica propuesta formulada por Su Santidad Juan Pablo II, y superar definitivamente el delicado y sensible conflicto surgido en 1978.

Sin duda alguna, Carlos Saúl Menem fue un ferviente partidario e impulsor de la integración entre ambos países, para lo cual recibió el respaldo sucesivo de los expresidentes Patricio Aylwin Azócar y Eduardo Frei Ruiz-Tagle

Con sus aciertos y errores , improvisaciones y carencias, el Gobierno de Menem fue el intento más perseverante en medio siglo, hasta entonces, para instaurar una economía social de mercado y dar una década de estabilidad política a la Argentina, proceso que permitió una etapa de fortalecimiento e integración con Chile que iniciaba un exitoso retorno a la democracia. Esta fue una oportunidad para que numerosas empresas chilenas cruzaran la cordillera, se alcanzaran acuerdos económicos, comerciales, de minería, de integración física, culturales y se adoptaran relevantes medidas de confianza entre las fuerzas armadas. Todo ello con una clara y visionaria voluntad política que construyeron y profundizaron los presidentes de ambos países.

En efecto, con el presidente Aylwin suscribieron el trascendental convenio de 1991, en el cual concluyeron la causa de los desencuentros de los últimos 100 años: los conflictos limítrofes. En consecuencia, precisaron, subsistían 24 temas pendientes aún sin solución, de estos, 22 se solucionaron de inmediato. Los otros 2 pendientes: Laguna del Desierto fue resuelta por el fallo de un tribunal arbitral, y Campo de Hielo Sur, después de una larga y durísima negociación política, concluyó exitosamente en diciembre de 1998, a través del “Acuerdo para precisar el recorrido de límites desde el Monte Fitz Roy hasta el Cerro Daudet”.

Dentro de este contexto, son clarificadoras las expresiones de este gran presidente al Congreso de su país en 1996, buscando aprobar la ratificación al protocolo adicional del acuerdo de 1991 sobre los hielos continentales cuando expresó: “Les pido que pongan lo mejor de sí para terminar definitivamente con los problemas limítrofes con nuestros hermanos chilenos”. Este era el pensamiento profundo, claro y proactivo de nuestro amigo, que nos dejó un legado que ha marcado el presente y guiará el futuro de ambas naciones.

Es así como en diciembre de 1998 los presidentes Carlos Menem y Eduardo Frei R-T sellaron este histórico acuerdo en una emotiva ceremonia en la Casa de Rosada. En aquel momento, el anfitrión, admitió que “resolver esta cuestión no fue fácil, fue muy difícil, ya que no es meramente un acuerdo sobre una cuestión de límites, sino un mensaje a la comunidad de naciones que demuestra el modo en que dos pueblos hermanos y amantes de la paz son capaces de vivir orgullosamente en democracia”. Por otro lado, el entonces presidente Frei R-T indicó: “Hace 20 años, en estos días previos a la Navidad, nuestros pueblos se preparaban para la guerra y hoy nos preparamos para la paz, y así construir un futuro digno para nuestros pueblos”.

En esta línea argumental, y con la modestia que requiere esta nota, debo confesar que fue motivo de orgullo haber presidido esta negociación, ya que fue un notable éxito de una gestión de alta jerarquía diplomática considerando la sensibilidad, y a veces peligro, que este tipo de iniciativas producen entre dos países vecinos. La visión y voluntad política de los dos mandatarios, sus cancilleres, sus congresistas, sus fuerzas armadas, y reitero modestamente, del suscrito, fueron un paso sustancial y profundo que ratifica y explica la actual vinculación global de Chile y Argentina.

En este ámbito de reflexión, ¡qué validez histórica adquieren las expresiones del Papa Mediador Juan Pablo II!, quien en 1992 en su emotivo discurso los frutos de la paz señaló: “Mi visita pastoral a Chile, y la que haré en breve a la Argentina, ha querido ser un servicio a la paz, a esa paz que el Señor nos ha dejado en herencia”.

Años más tarde, el 2000, como reconocimiento a su perspectiva de estadista, el Instituto Libertad y Desarrollo, a través de Cristian Larroulet y del suscrito, invitó oficialmente al ex presidente. Menem fue recibido por un importante grupo de empresarios y posteriormente dictó una conferencia en El Mercurio de Valparaíso, en la cual se refirió a importantes intelectuales argentinos que escribieron en ese matutino, entre ellos: Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi.

Sin duda alguna, hoy no pueden ignorarse las sólidas bases de amistad entre ambas naciones. Tampoco tengo dudas en ratificar que tenemos una deuda eterna de gratitud con el expresidente Menem: un estadista amigo de Chile, quien a caballo, en más de una ocasión, cruzó la cordilla que nos une, encontró el amor y también legó un hijo. Hoy despido al amigo, al estadista, al patriota y lo hago con un profundo sentimiento de afecto, respeto y admiración.  

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