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Publicado el 14 de marzo, 2015

Dos horas, ¿gratis?

La señal es clara: si quiere, y tiene, use su automóvil para ir al mall, total entre todos financiaremos el costo de los estacionamientos si es que compramos en estos establecimientos.
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El proyecto de ley que busca impedir el cobro de las primeras dos horas por estacionar en malls y similares es, sin duda, una de las iniciativas más demagógicas, infundadas, regresivas  y, por qué no decirlo, populistas de los últimos tiempos.

Lo primero es que resulta evidente que cuando se pide gratuidad, total o parcial –en este o cualquier otro bien-, simplemente estamos solicitando que sea otro el que pague, como si bastara una sola resolución o ley para que las cosas dejaran de ser escasas y costosas.

Es insosteniblemente ingenuo plantear que antes los estacionamientos de los centros comerciales eran completamente gratis, simplemente se aplicaba un mecanismo ineficiente e injusto, donde el costo del estacionamiento se incorporaba en el precio de arriendo de los locatarios y eventualmente los productos vendidos, generando una red de perversos subsidios cruzados: desde peatones a automovilistas y, peor aún, desde quienes iban a comprar hacia quienes sólo aprovechaban un conveniente estacionamiento “gratuito” sin siquiera visitar el mall. Qué más razonable (y justo) que quien usa un bien escaso y no vital sea quien pague por él.

La señal del proyecto es clara: si quiere, y tiene, use su automóvil para ir al mall, total entre todos –peatones, automovilistas y ciclistas- financiaremos el costo de los estacionamientos si es que decidimos comprar en estos establecimientos. En este punto vale la pena recordar por qué se trata además de una medida regresiva. De acuerdo a la última encuesta CASEN 2013, solo el 17% de los jefes de hogar del primer quintil (20% de menores ingreso) tiene acceso al uso de al menos un automóvil, bastante por debajo del 67% del V quintil (20 % de mayores ingresos), de modo que lo más probable es que esta “ayuda” para los clientes de los malls sólo se traduzca en un impuesto encubierto para quienes no pueden –o no desean- asistir en automóvil a estos comercios.

¿Y qué hay del largo plazo?

Si hay suficientes personas que no queremos pagar directamente por estacionar, ya sean las primeras 2 horas o los primeros 5 días, los centros comerciales reconocerán la demanda insatisfecha, y perfectamente podrían competir ya no por ofrecer mejores tiendas y oferta, sino por quién tiene más tiempo  “gratuito” en sus estacionamientos. Nos guste o no, los precios reflejan escasez, y la oferta, cuando los precios son libres, más temprano que tarde, tiende a ajustarse. Sin embargo, si se sobre regulan los precios y los inversionistas ven que no serán capaces de rentabilizar la construcción de estacionamientos adicionales al mínimo que exige la ley para los malls, ya sea a través del arriendo a los locatarios o directamente, deberemos acostumbrarnos a centros comerciales donde la escasez de estacionamientos se refleje en un nuevo precio: el tiempo para buscar un estacionamiento desocupado.  ¡No es nada fácil huir de los precios!

Los consumidores somos libres y soberanos en nuestra decisión de compra. Los centros comerciales, qué duda cabe, no podrían distar más de establecimientos monopólicos cuyas tarifas debiesen ser reguladas. Por el contrario, abundan las alternativas y si el valor del estacionamiento es suficientemente relevante sobre la decisión de compra, éste se convertirá en otra variable de competencia, como lo son hoy precio, ubicación y calidad.

 

Francisco Klapp, Investigador Programa Económico Libertad y Desarrollo.

 

 

 

FOTO: FRANCISCO CASTILLO/AGENCIAUNO

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