Falta poco para finalmente conocer los lineamientos de la reforma previsional del gobierno. El ministro de Hacienda ha adelantado algunos aspectos. Por ejemplo, señaló que se introducirá un componente de seguridad social con el aporte de los empleadores que compensaría algunas de las diferencias que se producen entre trabajadores durante la vida laboral, que luego se traducen en menores pensiones.

Al respecto, es interesante remitirse a un estudio de 2017 solicitado al Banco Central -por esos días encabezado por Mario Marcel– y presentado a la entonces Presidenta Michelle Bachelet. Ese análisis evaluaba los impactos macroeconómicos de las diferentes alternativas para destinar la cotización adicional de 5% que se pensaba introducir en la reforma en ese momento. Las alternativas evaluadas fueron destinar la cotización adicional íntegramente a: i) capitalización individual, ii) ahorro intrageneracional (destinada a un fondo que pertenece a la generación que la cotizó y se reparte entre ellos al jubilar) o iii) reparto.

El estudio concluyó que “el sistema de capitalización individual aumenta el ahorro, el PIB, el consumo y la inversión”, mientras que los efectos macroeconómicos del sistema de reparto son “negativos sin ambigüedad, puesto que el ahorro, el consumo, la inversión y el empleo se ven afectados” y adicionalmente puede tener severos efectos fiscales. Por último, en un término intermedio, está el ahorro intrageneracional cuyos efectos macro –sostiene el informe— dependerán críticamente de su diseño e implementación. En específico, si la entrega de beneficios se condiciona a la participación en el mercado laboral formal, el incentivo a formalizarse podría compensar el efecto negativo del impuesto al empleo. En caso contrario, el perjuicio sobre el mercado laboral se potencia y se multiplicaría por 4 si el ahorro intrageneracional es no condicional a la participación en el mercado formal.

Adicionalmente, es importante destacar que el efecto sobre el monto total de las pensiones pagadas es superior en capitalización individual o ahorro intrageneracional que en reparto. De hecho, el mismo aumento de 5% de la cotización produce un incremento en las pensiones totales de menos de la mitad si es que se destinan a reparto.

Es pertinente explicar que, a mayor relación entre cotización y beneficios futuros, menor es el efecto en el empleo. Si la relación entre lo que se aporta y lo que se recibe es débil, la cotización será percibida como un impuesto y, como cualquier impuesto, desincentivará la actividad gravada, en este caso el trabajo formal. 

Es claro ver que la mejor alternativa es destinar la totalidad de la nueva cotización a capitalización individual, que por lo demás es la opción que prefieren actualmente los chilenos, según diversas encuestas realizadas durante los últimos años. Por ejemplo, Criteria de junio, revela que un 56% opta por que la totalidad de la futura cotización vaya a su cuenta de capitalización individual y sólo un 13% responde que quiere que se destine íntegramente a un fondo colectivo.

Uno de los mayores problemas de nuestro sistema de pensiones es la escasa participación formal en la economía: previo a la pandemia, la informalidad laboral –definida como trabajadores ocupados que no cotizan— llegaba a 33%, debemos sumar la baja participación laboral que se ubicaba en torno a 63%, con lo que sólo el 54% de la población entre 20 y 65 años cotizó para pensiones en nuestro país en 2019. Elevar la formalidad es un desafío inexcusable si queremos mejorar substancialmente y de manera sostenible las pensiones, en esto, el diseño del nuevo componente será crucial. No podemos permitirnos retroceder.

Con la tranquilidad que nos da saber que fue el propio ministro de Hacienda quien reveló estos importantes hallazgos, es razonable descartar que se introduzca un componente de reparto en la reforma que se propondrá al país y también podríamos descartar ahorro intrageneracional no condicional. Habrá que ver y estar atentos, tal como señalaba el mismo Marcel en su informe de 2017, al diseño e implementación del nuevo componente anunciado, pero sabiendo que los peores escenarios no debieran estar sobre la mesa.

*Soledad Hormazábal es investigadora de Horizontal.

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